Retórica y realidad, de Juan Neira en El Comercio
SIGUE el cruce de declaraciones entre el PSOE y el PP. Acebes relaciona la rosa socialista y la serpiente de ETA, para entregárselas en forma de espejo a Zapatero, mientras que el presidente dice que los insultos del PP son irrelevantes porque lo único importante es que no hay más víctimas. Acebes lleva mucho tiempo haciendo de policía malo, pese a que tiene cara de bueno; en el reparto del guión le ha tocado ese papel, que realiza por turnos con Zaplana. La respuesta de Zapatero es un tanto insulsa, porque la buena noticia de la ausencia de asesinatos tiene ya más de tres años de antigüedad, y no tiene nada que ver con el llamado proceso de paz. Esta guerra de declaraciones es muy difícil que amaine, porque estamos en el verano de la negociación con ETA.
Hay un exceso de retórica ideológica en el debate público que no se corresponde con las preocupaciones de la gente. El setenta aniversario del 18 de julio ha tenido un reflejo en los medios desmesurado. El que mejor lo ha advertido ha sido Bono, que ha comparado el anodino cincuenta aniversario de la guerra civil (con Felipe González en el Gobierno), con las mayúsculas del setenta aniversario, de la era Zapatero. Digo que hay una desmesura, porque el público está más centrado en otras cosas.
Mientras el grupo dirigente de Madrid discute apasionadamente sobre esa tautología llamada memoria histórica (cualquier discurso histórico parte necesariamente de un ejercicio de memoria), los gobiernos autonómicos disponen de un 52% más de recursos que hace siete años, fecha que se tomó como base para definir el actual modelo de financiación autonómica. La transferencia de las competencias de sanidad y educación a las comunidades que accedieron a los sistemas de autonomía por la vía lenta ha conllevado una nueva cesión en los principales impuestos (Renta e IVA). La reforma de la LOFCA ha dado musculatura administrativa, política y económica a las regiones. Ese es el gran cambio de reparto de poder ocurrido en España. Si a eso añadimos el espectacular crecimiento de empleo (el 60% del empleo de la UE se crea en España) y la llegada de casi cinco millones de inmigrantes, habremos descrito la España real, que tiene poco que ver con el debate de la elite madrileña.
