Hasta dónde y hasta cuándo proseguirán las operaciones militares en Israel y Líbano? Resulta muy complejo especular sobre estas cuestiones. Es cierto que las guerras llegan a su fin, pero todos sabemos que es mucho más difícil hacer la paz que la guerra.
¿Estamos cerca de un conflicto a gran escala? La respuesta breve es que no debemos exagerar ese tipo de peligro. Cuando Hezbollah atacó a los israelíes, esperaban una reacción masiva, pero no una represalia de tal magnitud. Lo que pasa ahora, según admiten ellos mismos, es más de lo que habían pensado que sucedería. Han resultado dañados y ahora se dan cuenta (como Hamas) de que resulta difícil estar en el Gobierno y continuar con operaciones propias de una organización terrorista. Los israelíes se han visto asimismo sorprendidos no sólo en el plano táctico, sino también en el estratégico. También ellos han resultado dañados, pues no esperaban que los misiles paralizaran casi por completo la vida del norte del país. Han castigado a Líbano, donde apenas quedan blancos que bombardear. Sin embargo, no es seguro que alcancen sus objetivos militares y políticos.
Al final de todo, el Gobierno libanés seguirá sin ser capaz de desarmar a Hezbollah mientras este partido reciba cuanta ayuda desee de Siria e Irán.
Irán, que es seguramente el principal culpable de incitar los ataques de Hezbollah y Hamas, sí que ha alcanzado su objetivo. Se encontraba bajo presión para que pusiera fin a sus proyectos atómicos; y ahora la atención se ha desviado de lo que era el asunto más importante. Hasta aquí todo bien, pero lo cierto es que el país no está todavía preparado para una guerra a gran escala en que puedan utilizarse armas nucleares. Necesita unos años más. Si estallara ahora una guerra a gran escala, el conflicto concluiría en un desastre para Irán.
En resumen, todas las partes están interesadas en poner fin a los combates, al menos temporalmente. El caso es que si Hezbollah detuviera el lanzamiento de cohetes contra Israel y liberara a los soldados secuestrados, se vería desprestigiado. Si Israel cesara las hostilidades antes de la liberación de los soldados y se detuviera el lanzamiento de cohetes contra Haifa y Tiberíades, también perdería prestigio. Tiene un gobierno recién formado; un primer ministro, un ministro de Defensa y un ministro de Asuntos Exteriores que son nuevos en sus cargos, que carecen de experiencia y que tal vez se muestren reacios a adoptar decisiones rápidas. Las Naciones Unidas parecen impotentes a la hora de tomar una decisión, como ha ocurrido ya en otras ocasiones anteriores.
Estados Unidos se enfrenta ya a suficientes problemas y no desea involucrarse en más asuntos complicados. Sabe que no hay posibilidad de ganar laureles intentando alcanzar la paz en Oriente Medio. La Unión Europea no dispone de instrumentos para llevar a cabo una política exterior ni tampoco fuerzas militares. Podría actuar quizá de mediadora (suponiendo que hubiera unanimidad respecto a cuál debería ser su política). En cualquier caso, no está en posición de ejercer presión.
De modo que nos encontramos en una situación paradójica: todo el mundo, o casi todo el mundo, desea poner fin a los combates, pero nadie se muestra deseoso de tomar la iniciativa. Hay también otra consideración, una consideración cínica pero quizá realista: si se les deja luchar unos días más, se mostrarán más dispuestos a llegar a un compromiso.
Es seguro que dentro de unos días, unas semanas como mucho, aumentará la presión sobre los beligerantes y sus apoyos, como Siria e Irán, para que se detenga la lucha. El precio del petróleo ha subido de modo brusco, y constan muchas otras razones para poner fin a las hostilidades. A continuación habrá un ir y venir entre Jerusalén y las capitales árabes para lograr, al menos, una solución provisional. ¿Cuál habría de ser? Mientras Hezbollah exista como Estado dentro del Estado, con un ejército propio, y sin que el Gobierno libanés sea capaz de imponer su autoridad, no se darán las perspectivas adecuadas para la consecución de un acuerdo que dure más de un año o dos.
¿Pueden las Naciones Unidas enviar fuerzas armadas al sur de Líbano? Es posible, pero improbable. ¿Qué lecciones habrá aprendido Hamas (en caso de que haya aprendido alguna)? ¿Que tras ganar las elecciones y formar gobierno tiene que comportarse como un gobierno? Este proceso de aprendizaje será largo. Su jefe en Damasco, Jaled Mishal (como Trotski muchos años antes), desea seguir una política de ni paz ni guerra.Una fórmula inteligente, pero ¿qué significa en la práctica? ¿Un día de lucha y otro de relaciones normales?
Es muy probable que se encuentren algunas soluciones provisionales para mantener el armisticio. Ahora bien, ¿cuánto tiempo será posible mantenerlo?
No hay disputas territoriales entre Líbano e Israel, no hay asentamientos que evacuar ni tampoco ocupación. En teoría, debería ser fácil lograr la paz. Sin embargo, hay movimientos radicales, suníes y chiíes, con ambiciones mucho más amplias; y no habrá paz en Oriente Medio mientras ese fanatismo prolifere. Y luego está Irán, deseoso de aparecer como la principal potencia de la zona.
En resumen, que se dan todas las condiciones para pensar que Oriente Medio seguirá siendo la principal zona de problemas del mundo, al margen de que se llegue a un armisticio en Líbano la semana que viene o el mes que viene.

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