En el PP están moderadamente satisfechos con su situación, por no decir preocupados, por varias razones. Y de entre todas ellas la más novedosa se refiere a una encuesta reciente que han llevado a cabo los servicios de prospección política que maneja Pedro Arriola, el orate de Rajoy que heredó de Aznar, y del que se dice que manda más de lo que debiera, o que influye en Rajoy demasiado.
Pues bien, el orate ha echado en el puchero de las adivinanzas una pata de gallina, un ojo de cuervo, hojas de mandrágora, una ramita de canela y ha rezado tres padrenuestros, y ¿saben lo que le ha salido? Pues que Rajoy tiene mala imagen como líder del PP y como posible candidato a la presidencia del Gobierno. Y lo que es peor, no consigue buenos resultados ni siquiera entre los votantes y militantes del PP, donde obtiene una nota muy inferior a la que recibe el presidente Zapatero entre los votantes y militantes del PSOE. Motivo por el cual se han encendido todas las alarmas de la sede central del PP en la calle Génova, desde donde han llamado con urgencia, vía FAES, a la NASA para darles el siguiente mensaje, que tanto recuerda al Apolo XIII: ¡atención, atención, Houston, tenemos un problema!
Lo malo del problema es que se llama Rajoy, ni más ni menos que el líder del PP por su mala o débil imagen, de la que puede ser responsable el propio Rajoy, sus servicios de prensa e información, su equipo más íntimo por su debilidad, o sus propios medios afines de comunicación más aguerridos, El Mundo y la COPE, que tiene a Rajoy metido en la mochila del 11M, mirando todo el tiempo hacia atrás, o corriéndole a palos ante su más fanática militancia —¡maricomplejines!, le llama el mandril de la COPE—, a sabiendas éstos de que así trabajan para el PSOE porque ellos quieren que Rajoy se estrelle cuanto antes, a ver si regresa el hombre, hombre, ¡Aznar!, o si aparece algún otro candidato, Esperanza o Rato —que no sabemos bien si van de la mano o se están echando un pulso entre liberales, por ejemplo en Caja Madrid—, con más fuste, porque a Gallardón se la tienen aún más jurada que al propio Rajoy.
La imagen de Rajoy es mala, débil, difusa, y el PP debería hacer algo por cambiarla, o por mejorarla. Lo intentaron en la Convención de primeros de año pero el resultado fue el peor posible porque agudizaron la debilidad por causa de un discurso inane de cierre de Rajoy, tras las arengas ruidosas de Esperanza, Aznar y Sarkozy. Lo que nos lleva a concluir que o Rajoy no tiene arreglo si no fue capaz de ver lo que se le venía encima ante la deriva bronquista de la Convención, o lo vieron muy mal en su equipo, lo que quiere decir que ese equipo no existe y lo tiene que cambiar, o debe apartar a los bronquistas de Acebes y Zaplana, si se atreve, para que no lo comparen con ellos, o al final de todo esto Rajoy debe poner de patitas en la calle a Arriola porque es el responsable principal de su imagen y de una estrategia de comunicación que le está saliendo muy mal.
A los del Apolo XIII les fallaban las pilas y no tenían energía suficiente ni para llegar a la Luna ni para regresar a la Tierra y se las tuvieron que ingeniar para ahorrar toda la energía posible y salvar la cápsula y a sus tripulantes. Y todos en Houston se pusieron a pensar y encontraron la solución. ¿Quién piensa en el PP? Da la impresión que esa, al parecer, funesta manía de pensar se ha trasladado a FAES, que es el cerebro ideológico del PP, con lo cual en Génova están descerebrados y no entienden cómo se les acaban las pilas del líder tan pronto y se preguntan ¿qué hacer?
Pues se puede hacer muchas cosas, pero no las voy a contar porque para eso tienen a Arriola, que cobra por ello. Sólo le voy a dar un consejo a Rajoy, que sea él y nadie más, que dé un puñetazo, con cuidado, encima de la mesa y que ponga en la calle a todos los que le hacen trampas y muecas por detrás. Porque si se estrella su nave, lo peor sería que ese fracaso se debiera no a sus carencias o errores, sino por acatar las influencias de todos los demás. En Houston tenían un problema y ahora lo tienen en el PP, y se van a ir de vacaciones tan campantes, y en septiembre, Dios dirá.

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