El Gobierno español y el de Catalunya están impulsando sendos proyectos de ley sobre la recuperación de la memoria histórica. Son iniciativas destinadas a restituir la dignidad de las víctimas de la represión franquista y reafirmar la tradición democrática. Los historiadores, desde mediados de los ochenta, analizan la represión, el exilio y la dictadura. Otra cuestión es la poca repercusión mediática que tuvieron esos estudios en su momento.
Se trata, pues, de rescatar del olvido las víctimas de la dictadura, aunque se han alzado voces acusando de querer hurgar en una tragedia colectiva, la Guerra Civil, en la que todos cometieron excesos. Ciertamente, en Catalunya la represión republicana fue terrible. Ahora bien, el argumento es falaz. En primer lugar, la Guerra Civil fue consecuencia del alzamiento militar contra el poder legalmente establecido, lo que desencadenó una represión terrible (y aquí se sitúa también la republicana). En segundo lugar, la memoria de las víctimas de la represión republicana fue rápidamente recuperada con una actitud de venganza que impedía cualquier reconciliación, manteniéndose la delimitación entre vencedores y vencidos hasta el final de la dictadura. Fueron décadas de presencia de unas víctimas y olvido de otras a las que no asistía ni el derecho de ser enterradas en un cementerio.
Por último, la represión republicana llevada a cabo por "incontrolados" se hizo en contra de las disposiciones de las autoridades republicanas; mientras que la represión franquista contaba con la bendición del régimen, se prolongó durante décadas y fueron las autoridades militares y civiles franquistas las que la llevaron a cabo.
Por otra parte, la reafirmación de la tradición democrática exige borrar los signos externos de la dictadura o contextualizarlos para que las generaciones más jóvenes sepan "leer" qué supusieron aquellas terribles décadas. Al mismo tiempo, hay que abrir las fosas comunes donde reposan víctimas conocidas, no así las de los frentes de guerra, porque será imposible identificar los cuerpos.
Por último, el Memorial Democràtic del gobierno de Catalunya se está haciendo desde la pluralidad, el contexto histórico y la integración, porque no cabe hacerlo desde una óptica partidista, sino que hay que integrar la mayor parte de sensibilidades posibles y atender a la realidad de aquel momento. Los fusilados en Catalunya entre 1938 y 1943 lo deja muy claro: CNT (FAI y JL), 42%; ERC, 36,6%; PSUC, 6,6%; POUM, 6,4%; UR, 4%; otros, 4,3%. No se debe, pues, caer en un debate estéril desde la izquierda o desde el nacionalismo. La Catalunya republicana fue catalanista y de izquierdas y así lo entendieron los ejecutores de la represión franquista.
ANTONI SEGURA. Catedrático de Historia.

Escribe un comentario