Comento la encuesta del Instituto Noxa para La Vanguardia.Siete puntos de ventaja del PSOE sobre el PP parecen muchos puntos. Lo son, pero quien se fije un poquitín más, observará que el PP baja menos de un punto en relación a las elecciones generales del 2004, mientras el PSOE sube casi dos. En proyección de escaños, el PP perdería entre tres y seis diputados, mientras el PSOE ganaría entre cinco y nueve. Claro que, en este caso, el PSOE se quedaría a entre siete y tres escaños de la mayoría absoluta, o sea instalado de lleno en la llamada mayoría suficiente. Para preocuparse mucho, en el PP. No precisamente para lamentarse, en el PSOE. Se ha visto de lleno confirmada la intuición de tantos comentaristas de que se estaba produciendo un notable desplazamiento de las tendencias del electorado hacia el PSOE, a la contra o ajeno a la crispación mediática que sería la gran baza popular. Aún así, la diferencia me parece escasa.

No me baso ahora en intuiciones particulares o compartidas, sino en algo bastante sorprendente. El dato principal, hasta el punto que pueden llamarse datos las estimaciones de los sondeos, es que la sociedad española dista mucho de encontrarse dividida en dos mitades o casi. Al contrario, los diferenciales de imagen, confianza y acuerdo de la ciudadanía en relación al Gobierno reflejan un acelerado y progresivo alejamiento de la opinión pública respeto de la oposición. En algunos aspectos cruciales, dos tercios de la ciudadanía están con el Gobierno. En todos o casi, se incrementa de manera muy notable el apoyo a Zapatero y se toman de distancias respeto de la oposición. De seguir con las tendencias actuales - y nadie hace nada para invertirlas o equilibrarlas-, Zapatero se encamina a una cómoda mayoría absoluta. Como reza el título, la cosecha no ha hecho más que empezar. Claro que, siempre es bueno advertirlo, todo puede cambiar y producirse una situación de vuelco, ya sea a corto plazo o en el último minuto, pero, suponiendo como se supone que el efecto de la tragedia de marzo del 2004 no hizo más que acelerar un cambio de tendencia, ya en contra de Aznar, si bien de modo incipiente, lo previsible ahora es que ni siquiera dañaría de veras al PSOE el más contraproducente de los escenarios, o sea un fracaso del proceso de paz, con oleada de atentados y algún muerto.

Se me ocurre una explicación a la diferencia entre el mucho apoyo social que el PSOE se ha ganado a costa del PP, que lo ha perdido, y la escasez de la cosecha socialista en votos. Parto del principio que la tendencia empezó a mediados o fines del 2003, al evidenciarse la arrogancia de Aznar en todos los frentes. Y que desde entonces no ha parado, si bien el PP y la caverna han podido aminorarla en unos momentos y enmascararla en otros, siendo la cuestión del Estatut el momento de máximo empuje de los conservadores para frenarla e invertirla. Pero si desaprovechas tu mejor ocasión, si tu esfuerzo sobrehumano no logra el objetivo, entonces te verás arrastrado por la ola que ya no tienes reservas para detener y cambiar de sentido. El no de Esquerra al Estatut y la subsiguiente desaparición radical del plato catalán en el menú de la política española supusieron un revés que el PP no alcanzó ni alcanza todavía a valorar. Al contrario, sus estrategas, empezando por los externos, creyeron que, desaparecido el cañón catalán, utilizarían el vasco con igual contundencia.

Aznar ganó sus primeras elecciones gracias a la crispación, pero no era gratuita sino que respondía, tal vez exagerando su importancia, a una serie de situaciones reales, debidas a culpas del PSOE, no inventadas por sus rivales. No es el caso actual. Al contrario, la tendencia del rechazo al PP se está acelerando. Aunque así no fuera, suponiendo que estuviera estancada o consiguieran estancarla, los frutos electorales seguirían aumentando la cosecha socialista por crecimiento vegetativo. ¡Rajoy, que mal te veo! ¡Montilla, aprovecha!