La Coctelera

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17 Julio 2006

Unión Europea: unión energética, de Inmaculada Rodríguez-Piñero y Antolín Sánchez-Presedo en El Mundo

Los congresistas norteamericanos nos han recordado que hablar de energía es hablar de seguridad. La empresa energética china CNOOC desistió de comprar la petrolera norteamericana UNOCAL, después de comprobar que los responsables del Comité de Inversiones Extranjeras insistían en que afectaba a la seguridad nacional. La energía no es un sector económico más; es un sector vital del que depende el medio ambiente, la seguridad y toda la actividad económica de un país.

El desenlace de la OPA de E.ON es un test, más allá del enredo judicial en el que se encuentra, para conocer cómo las autoridades españolas y europeas afrontan los retos de la globalización energética. La experiencia de medio siglo de construcción europea nos enseña que los intereses entre países son conciliables y que sólo existirá una solución digna si es mutuamente beneficiosa y responde a una lógica integradora.

El derecho europeo exige respetar la libre circulación de capitales, la competencia y el mercado interior, así como el principio de no discriminación por razón de nacionalidad. Pero la energía es un sector estratégico que forma parte de las competencias de los Estados miembros.

Ninguna de estas normas puede interpretarse de forma tan absoluta que excluya a las demás. Deben equilibrarse mutuamente teniendo en cuenta las circunstancias. No es lo mismo una inversión puramente financiera que una toma de control empresarial en una sociedad cotizada y sometida a regulación especial. Los efectos de la libre circulación de capitales sobre la competencia deben estar suficientemente regulados, de modo que los tribunales puedan solucionar conflictos sin confrontaciones políticas.

Una de las características que distingue la libre circulación de capitales es que no sólo se aplica en el interior de la Unión Europea, sino que se extiende a las operaciones con terceros países. Lo mismo que ha hecho E.ON pueden hacerlo inversores procedentes de países competidores en la adquisición de energía primaria, como China o la India, o de países proveedores como Rusia. En el ámbito europeo, las grandes decisiones energéticas continúan adoptándose con un enfoque nacional. Las transacciones internacionales en el ámbito de la energía se celebran en el marco de las relaciones bilaterales y la política exterior de cada país.

Los europeos nos enfrentamos a una nueva realidad energética. Tenemos cada vez una mayor dependencia de los combustibles fósiles, en un mundo en el que la demanda de petróleo y gas irá en aumento y en el que su abastecimiento provendrá de un número limitado de zonas geográficas. Las previsiones indican que en 2030 Europa dependerá de las importaciones para satisfacer el 70 % de sus necesidades energéticas. Esa dependencia será del 90 % del petróleo y del 80 % en relación con el gas. Hoy en Europa no existe un único mercado de la energía, sino 25 mercados diferentes.

Es importante que identifiquemos las dificultades para abordar el reto de construir una política energética común: los mercados nacionales más importantes -el francés, alemán o el italiano- tienen empresas dominantes muy protegidas. El grado de autoabastecimiento y las conexiones entre Estados miembros difiere notablemente. Es bastante elevado en el centro de la UE y escaso en países periféricos, como el Reino Unido, Irlanda, España o Portugal. Tampoco existe homogeneidad en el mix de generación de electricidad por tecnologías, el origen geográfico de los abastecimientos, el grado de penetración del gas natural o la apuesta por la energía nuclear. También en el impulso a las políticas de liberalización se observa un panorama heterogéneo. España, en lo que al sector eléctrico se refiere, es de los países más avanzados, por delante de Alemania, Italia y Francia.

Las diferencias no deben ser un freno en esta tarea inaplazable. Es la hora de una política energética europea, un compromiso conjunto para integrar mercados, programar inversiones, garantizar servicios y construir alianzas.

Inmaculada Rodríguez-Piñero es secretaria federal de Política Económica y Empleo del PSOE y Antolín Sánchez-Presedo es eurodiputado.

© Mundinteractivos, S.A.

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