La Coctelera

Caffè Reggio

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17 Julio 2006

Las ventajas de estar con los buenos frente a los profesionales del catastrofismo, de Carlos Sánchez en El Confidencial

Desafiar las leyes económicas ha sido tradicionalmente una de las herramientas preferidas de algunos gobiernos, que han visto en la heterodoxia su tabla de salvación. En algunos casos, ese arrojo político a ha salido bien. Como cuando Helmut Kohl decidió que la reunificación germana se hiciera sobre la base de la paridad monetaria. Un marco de la antigua Alemania Oriental valdría lo mismo que uno de la parte occidental del país. Era evidente que aquella decisión, que se llevó por delante al presidente del Bundesbank, era una aberración en términos económicos, pero pocos dudan de que Alemania es hoy un país unido -aunque persistan las diferencias entre Este y Oeste- gracias a esa estratégica postura, que muchos economistas aún hoy no son capaces de entender.

Da la sensación de que el Gobierno español ha decidido también jugar a la heterodoxia económica. De otra manera no se entendería que ante una inflación verdaderamente desbocada mire hacia otro lado esperando a ver por donde sale el sol. Hasta hora, eso parece evidente con solo echar un vistazo al crecimiento económico, ningún Ejecutivo ha hecho demasiado caso al catón de la doctrina económica, y eso nos ha ido bien. España crea las dos terceras partes del empleo que se genera en la Unión Europea y suma 12 años de crecimiento económico ininterrumpido por encima del 2%. Si no se tuercen las cosas es muy posible que casi una generación de españoles no haya conocido otra cosa que crecimiento continuado, al menos desde el punto de vista macroeconómico.

La razón de este comportamiento óptimo tiene más que ver con la pertenencia a un club selecto, como es la UE, que con decisiones de política económica acertadas. España está con los buenos, y sólo en estos términos puede explicarse que haya sido capaz de crecer tanto en los últimos años con un déficit exterior verdaderamente colosal y con una inflación sustancialmente más alta. Hemos vivido -y aun lo seguimos haciendo- muy por encima de nuestras posibilidades gracias al ahorro externo. Desde hace ya algunos años muchos economistas -algunos muy solventes- no se cansan de repetir que el modelo esta agotado, pero lo cierto es que la economía suma y sigue. Y nadie -excepto los profesionales del catastrofismo- puede creer que estemos ante un aterrizaje brusco que diga a la economía española las verdades del barquero. Al menos en los próximos dos o tres años. Se trata de un horizonte temporal cercano en términos económicos, pero un todo un mundo en términos políticos.

Y es que este Gobierno, como el anterior, parece haber optado por aprovechar íntegramente las contradicciones de la unión monetaria, lo que nos ha convertido en unos socios incómodos para los países más eficientes. Incluso se ha llegado a proponer -Financial Times, por ejemplo- que España abandone el euro por su incapacidad para cumplir las reglas de juego. La verdad es que hoy por hoy no parece existir en el mercado ningún estudio solvente capaz de adivinar cuál va a ser la conclusión de esta extraña partida de ajedrez en la que se ha embarcado España. Que el BCE sube los tipos de interés, pues yo dejo correr el agua de la inflación hasta que el nivel ahogue el endurecimiento de la política monetaria. Sólo en estos términos puede explicarse la enorme liquidez de la que hoy sigue disfrutando la economía.

Con una inflación situada en el entorno del 4%, tener un tipo de intervención del 2,75% es una autentica bendición, al menos a corto plazo, que es el terreno en el que mejor se mueve la clase política, incluida la económica. Incluso si se cumplen las previsiones que sitúan el precio oficial del dinero en el 3,25% al acabar el año, España seguirá disfrutando de tipos de interés negativos, mientras que Alemania o Francia, que han hecho los deberes logrando un IPC en el entorno del 2,5%, verán como merma su capacidad de consumo como consecuencia de la subida de tipos.

¿Hasta cuando podrá seguir beneficiándose España de esta situación? Realmente nadie lo sabe. Haciendo un paralelismo es como jugar la Primera división del fútbol aprovechando las ventajas económicas que ello supone (derechos de TV), sin que el sistema haya previsto que el equipo en cuestión -sin haber ganado de un solo partido- pueda descender de categoría. A nadie se le ocurriría a echar a California de la Unión por el hecho de que sus variables macroeconómicas fueran un autentico disparate. Y a eso es exactamente a lo que esta jugando España, o mejor dicho, sus gobernantes -probablemente con buen criterio- al aprovechar las contradicciones del sistema. El déficit exterior aún puede ser mayor y el diferencial de precios puede crecer todavía más sin que pase absolutamente nada. Entre otras cosas debido a que son Alemania y Francia los que más se aprovechan del gigantesco déficit comercial español. Y son Alemania y Francia -el eje de la unión monetaria- quienes más se benefician de la convergencia en precios. Los españoles -como se observa en la rubrica correspondiente de la balanza de pagos- cada vez viajan mas al extranjero al calor de su enorme liquidez. Tan artificial como real.

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