El pasado 25 de marzo, el diario La Nueva España publicó un artículo firmado por M. Castro, en el que se daba cuenta de la adjudicación a la empresa Ferpi, del conocido hombre de negocios leonés Victorino Alonso, de la extracción en Carreño de trece millones de metros cúbicos de material para la obra de ampliación del puerto de El Musel. La adjudicación no la hace la autoridad portuaria, sino que se trata de una subcontrata de la UTE que construye el puerto, integrada por Dragados, Drace, Fomento de Construcciones y Contratas, Sato y Alvargonzález Contratas. Los terrenos para la explotación de la cantera están expropiados por la Autoridad Portuaria de Gijón en el territorio del concejo de Carreño.

El comienzo de los trabajos ha producido gran alarma entre los vecinos de la Asociación El Tranqueru de Xivares, que se temen lo peor, y con mucha razón, dada la sorprendente sutileza con que se están desarrollando las operaciones administrativas que se están efectuando para la explotación de esta cantera, detrás de la que se ocultan los trabajos preparatorios para la creación de una nueva explanada, al oeste de la ría de Aboño, en la que se está preparando la ubicación de la gigantesca regasificadora que el gobierno pretende instalar allí. Eso sí, todo se está haciendo con un sigilo total, para evitar el malestar y las protestas vecinales, que ya se presentan como irremediables, pues lógicamente, a los vecinos de Xivares y otras localidades de la parroquia carreñana de Aboño, este proyecto les tiene que caer como una patada en la espinilla, pues ya tienen colmado el vaso industrial con la acumulación de empresas contaminantes que padecen en la zona. Y sin embargo, todo lo que hay, es una broma, comparado con lo que viene.

Expliquémonos: teóricamente la regasificadora va a instalarse en el nuevo dique del Musel, en el que espacio hay de sobra para este gigantesco depósito que será la cabecera para la transformación del Gas Natural Licuado (GNL) a 160 grados bajo cero, que llegará a Gijón, en los enormes buques metaneros que traerán este producto para inyectarlo en la cabecera de la gigantesca industria gasísitica que se pretende crear en Asturias por el gobierno PSOE-IU. Desde la regasificadora, y a través de una impresionante malla de gasoductos, el gas se distribuirá hacia Langreo, Avilés, Corvera, Oviedo, Soto de Ribera y otros concejos en los que está previsto instalar las nuevas centrales de ciclo combinado que transformarán el gas en energía eléctrica, sin que todas estas infraestructuras, de enorme impacto, creen una cantidad apreciable de puestos de trabajo, pues se trata de instalaciones muy sofisticadas, de funcionamiento semiautomático.

En Peña María, Carreño, en teoría se va a extraer el material para el relleno del Musel, y nadie sospecharía que en realidad se trata de una operación muy diferente, de no haberse publicado en La Nueva España, el pasado mes de marzo, que detrás de las obras de la cantera, lo que hay en realidad es un proyecto de explanada para instalar la regasificadora. Esto se supo como consecuencia de las confidencias realizadas a los periodistas por el presidente de la Autoridad Portuaria, Fernando Menéndez Rexach, a la salida de un consejo de administración del órgano portuario, para justificar la apertura de la enorme cantera que va a arrasar en horizontal una amplia ladera que discurre por detrás de la playa de Peña María. Esta cantera no tendría sentido si no se quisiera hacer una explanada, pero como a su vez se pretende evitar que los vecinos -tal y como está sucediendo- se preocupen por lo que se les viene encima, y como es lógico, protesten, lo que hacen ahora, es decir que la explanada que están haciendo no es una explanada, sino una cantera, cosa absurda que ve cualquier persona con dos dedos de frente.

Vicente Álvarez Areces y Graciano Torre, su consejero de Industria, saben que a pesar de la enorme pasividad del PP -con la honrosa excepción de Alicia Castro-, y que aún teniendo como tienen a IU metida en el bote, la oposición ciudadana a la instalación de este monstruo en El Musel va a ser brutal, a medida que la gente se vaya enterando de que estamos hablando de una instalación peligrosísima y totalmente superflua, concebida por y para una industria que no va a dejar empleo ni riqueza en Asturias, pues de instalarse allí, tendría un enorme impacto visual sobre la bahía de Gijón e incumpliría la normativa de seguridad que impide -como es lógico- que este tipo de instalaciones peligrosas se instalen en las proximidades de las zonas habitadas. De hecho, en el mundo civilizado, las regasificadoras se situan mar adentro. Conviene recordar que frente a la gigantesca instalación portuaria que se construye en El Musel, están situados los populosos barrios del Natahoyo, La Calzada, Jove y el pueblo del Muselín. Hablando en plata: a pesar de la ausencia en el debate de este asunto de los dirigentes políticos asturianos, la ciudadanía de Gijón impedirá que se consume esta barbaridad.

Queda, en consecuencia, una opción, que es instalar esta terminal al oeste, al otro lado de la Campa Torres, lo que no disminuye la peligrosidad de la misma, pero por lo menos no se vería, y ya saben que ojos que no ven, corazón que no siente. Ahí se dispone de otra explanada que se está ganando al mar, en la margen gijonesa de la ría de Aboño. El problema es que esa explanada está construyéndose con la intención no explicitada administrativamente -en El Musel todo es así- de cedérsela a la empresa OLIGSA, a la que se cedió ya la explotación del parque de carbones de Aboño, una lucrativa actividad que constituye un maravilloso momio, pues lo único que hay que hacer es trasladar el carbón que llega en las cintas transportadoras del muelle de minerales, almacenarlo y poner la mano para recoger los beneficios. OLIGSA, que ya consiguió que le privatizasen una parte importante de la empresa pública portuaria EBHISA -lo que provocó una querella de Puertos del Estado en tiempos de Francisco Álvarez-Cascos-, no va a renunciar a quedarse con esta nueva explanada y estamos seguros de que lo lograrán, pues en El Musel lo logran casi todo.

Así pues, y sientiéndolo mucho por los vecinos de Xivares, a ellos les va a tocar pagar el pato, y para que no digan que lo nuestro son especulaciones paranóicas, reproducimos un artículo publicado en marzo en La Nueva España, en un rapto de sinceridad, en el que se desvelaban las intenciones del Principado y de la Autoridad portuaria, en el que se desgranaban estos mismos argumentos, que por lo demás son de cajón, a poco que se profundice un poco en la realidad portuaria gijonesa.

La cuestión es así de simple, y a la vez así de retorcida, ¿cómo es posible que se pueda construir una explanada para instalar la regasificadora, sin ningún permiso, sin modificar el PGOU de Carreño, sin declarar públicamente la ampliación del puerto, sin hacer la declaración de utilidad pública ni los estudios de impacto ambiental, etcétera, etcétera? Muy sencillo: en Asturias es posible todo, o casi todo, porque todo el mundo que tiene que hablar, protestar, hacer oposición y control parlamentaria, todos, en definitiva, los que tienen que preocuparse por estas cosas, están en el negocio metidos. Y así nos luce el pelo. Así es posible que en Carreño se esté construyendo clandestinamente la regasificadora sin que nadie haya pedido ningún permiso, ni nadie pueda oponerse, porque como teóricamente no se está construyendo, ¿quién se va a oponer a lo que no existe...?