Atención a esta palabra, ‘Campamento’, que tiene que ver con la gran recalificación de la que ha sido, en tiempos de Pepe Bono en el Ministerio de Defensa, la gran operación urbanística del Madrid del siglo XXI, donde unos avisados
—¿por quién?— y avispados constructores y políticos estaban afilando los cuchillos del festín que, por fortuna, todavía está por comenzar.

Pero que, a nada que se investigue este Campamento que albergaba cuarteles militares, se verá que puede existir alguna relación con los autores políticos y promotores de otros sonados escándalos en marcha. Como son los de Seseña —el famoso monstruo sediento de Seseña que nuestro sabueso Marcello lanzó al estrellato de la prensa nacional—, y la ‘operación Malaya’ marbellí, desde donde el gran golfo de José Luis Roca extendió todos sus tentáculos sobre Madrid y otras latitudes, sin descartar toda clase de historias rocambolescas y de amor y lujo que, como en Marbella, pueden acabar metiendo en la trituradora a primeros dirigentes políticos del PSOE y del PP, tanto en Castilla-La Mancha como en Madrid.

La caza del monstruo sediento de Seseña —¿quién y cuándo se recalificó, y quién y cómo le prometió el agua que no tiene, o qué primos han comprado varios bloques de edificios a 23 kilos de pesetas que en teoría ya valen 53?— ha provocado un excitación periodística de primer nivel nacional, porque todos saben o sospechan que en la gruta de ese monstruo que echa fuego por la boca se esconden personalidades del mundo de los negocios y la política.

Un dragón de varias cabezas que, como un Saturno voraz, acabará por comerse a sus hijos y también a sus padres. Un monstruo indecente de ladrillo que se levanta siniestro al pie de la R-4 donde se pasea en moto a gran velocidad el motorista de la general, que no cumple ni para atrás sus promesas cien veces fallidas, y donde están implicados en directo o por los testaferros de postín (¿donde está el José Antonio Sánchez, el niño de Benidorm, Altea, Palma y Madrid?), altos financieros y políticos de la vida nacional, tal como apuntan y señalan tres diarios de la capital: ABC, El Mundo y El País.

Mientras el Pocero, Paco Hernando, dueño del monstruo y condecorado por tierra, mar y aire, y uno de los hombres más ricos de España según sus propias palabras, ruge como un huracán, y advierte y amenaza a sus huidizos socios y amigotes del poder, mientras se dice por ahí que guarda en su caja fuerte vídeos de sus encuentros con los poderosos o les reprocha a otros no dar la cara por él, después de todo lo que les dio, de haberles prestado el yate número dos —¡y no pagaron ni el gasóleo!— o aviones privados para viajar del coro al caño, o al monumento de la Constitución de Cádiz, y ahora todos bajo tierra y a esperar que algo estalle, que estallará.

Dónde está Pepe Bono? Adivina, adivinanza. ¿Se conocía en La Mancha la ‘Operación Campamento’ antes que en Madrid? Puede. ¿Quién es la matahari del nuevo y español caso a lo Profumo que recibe desde la popa de otro yate “SMS” de amor en el móvil que le controla el juez, como si fueran “SOS”, y de la que dicen que está dispuesta a cantar como la Castafiori de Tintín a cambio de su salvación?

El triángulo de las Bermudas se estrecha sobre el poder madrileño, con San Román al aparato, preso y expulsado de Las Ventas de Madrid, donde Calderón ya ha perdido un palco, o sus barreras y el callejón de su tráfico de influencias que piensa trasladar ahora al palco del Real Madrid. ¿Y Romero de Tejada? ¿Dónde está? ¿Anduvo también por el famoso triángulo de las Bermudas?

El sudoku del ladrillo y del poder es un laberinto que no tiene fin. Y tras él, y al margen de sus consecuencias penales, se esconde una soterrada batalla por el poder de Madrid. Dicen que a Zapatero se le ponen los pocos pelos que tiene de punta, y que a Rajoy le dan desmayos cada dos por tres. Y no es para menos porque, como decían los fotógrafos a los niños, el pajarito está a punto de salir.