La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

16 Julio 2006

Todo queda para septiembre, de Victoria Prego en El Mundo

A la vuelta del verano se abrirá el juicio del 11-M sobre un sumario plagado de trampas y oscuridades.

El resultado de las elecciones catalanas determinará el grado de conflicto que va a provocar el Estatuto.

El Gobierno tendrá que dar cuenta a los ciudadanos de lo logrado en sus conversaciones con los terroristas.

Los enormes riesgos políticos que el Gobierno ha decidido correr, todos juntos y al mismo tiempo, siguen abiertos al cierre de uno de los cursos más accidentados de las últimas décadas. Todo queda para la convocatoria de septiembre

Yendo de menor a mayor, queda pendiente que los españoles asistamos a las primeras traducciones prácticas y políticas de ese Estatuto de Cataluña que, dependiendo de quien gobierne, y en qué condiciones y con qué pactos después de las elecciones, tendrá mayor o menor virulencia. Lo que está fuera de duda es que la potencialidad de conflicto que alberga ese Estatuto es máxima, infinitamente más alta que la que tuvo el anterior, y que eso saldrá a la luz según la relación de fuerzas políticas que acabe conformándose después de las elecciones.

Queda pendiente también saber quién va a gobernar en Cataluña.Pero lo primero que hay que avanzar es la sensación de aburrimiento insuperable que producen las bravatas de los candidatos catalanes de estos días, con la caló que hase, y hay que ver que no tienen ni piedad. A Mas se le ocurrió ayer retar a Montilla, válgame dios, a un debate de confrontación «para contrastar estilos de gobierno, propuestas, proyectos, ideas y formas de hacer». Porque dice el líder de CiU que Montilla «es catalán 100%, pero catalanista es otra cosa». Y pretende volver a dar la matraca sobre qué otra cosa es ser catalán, catalanista, catalaniforme o catalanofoide.Imposible superar ya la saturación de ombliguismo ensimismado y paleto con que todos estos señores, Montilla también, han estado embutiendo al personal durante años para conseguir que votaran un Estatuto nefasto que, al final, los ciudadanos no votaron.Fue así y no de otra manera: no votaron y resultó un fracaso manifiesto. Todo lo demás que le pongan encima es maquillaje.

Hay que recordarlo otra vez: hubo un raquítico 48,8% de participación, porcentaje logrado, para mayor inri, gracias a las zonas de voto nacionalista. Porque lo que no confiesan los socialistas, pero conocen perfectamente y ocultan sin honestidad, es que en las zonas donde el voto siempre fue suyo la participación estuvo -y en algunos lugares no llegó- en el 40%. En definitiva, un desastre para el PSC.

Quizá sea por eso por lo que ayer sacaron a Montilla en el vídeo promocional de su candidatura electoral como un Bisbal de los 80, con greñas rizadas y el nombre artístico de El guerrillero.Un escarnio para el elector, sinceramente. Se puede reír o se puede llorar, es optativo, pero en ambos casos es obligado hacerlo a lágrima viva porque resulta imposible tomarse este asunto en serio. De modo que el ministro de Industria sale a la campaña con mata de pelo negro y haciendo bandera de su cuna y de su infancia, entre Iznájar y Puente Genil, como uno de los Siete Niños de Ecija o como José María el Tempranillo. Debería echarse al hombro una manta rayada de Grazalema, para mayor impacto electoral.En fin, será la calor, pero el espectáculo de estas cabriolas en la pista de un circo que, afortunadamente para las víctimas, que son los electores, ya se ha quedado vacío, produce un tedio infinito.

Y eso que éste es el capítulo más fácil que le queda pendiente al Gobierno para después de las vacaciones: los demás son mucho peores. Sin fijarnos siquiera en lo que va a suponer la aprobación por el Gobierno de las importantísimas modificaciones, ya pactadas con los nacionalistas catalanes, a la Ley Orgánica del Poder Judicial, que es uno de los cambios menos aireados pero más trascendentales para este nuevo diseño de la España deshuesada que le está saliendo a Zapatero según va eludiendo cada obstáculo que se aparecen en su camino, le quedan al Ejecutivo al menos dos asuntos de la máxima dificultad.

Uno de ellos es el de los terroristas y su brazo político. Según parece, lo que marcha bien por el momento son las conversaciones con los asesinos propiamente, y son los subalternos de la banda, los batasunos, los que ponen las dificultades.

Dicen que no se atreven a legalizarse porque les da miedo ponerse a la intemperie del cobijo de la ley. Será a la vuelta del verano cuando sepamos por boca del ministro del Interior hasta dónde han llegado los terroristas en sus renuncias y si el Gobierno, es decir, todos nosotros, mantenemos todavía la cabeza alta o tenemos que empezar a abrir el bolso y a preguntar qué se debe y si se va a deber algo más.

También será a la vuelta del verano cuando el Gobierno tenga que enfrentarse de una vez y a cara descubierta al enigma, cada vez más sospechoso, del atentado del 11 de marzo de 2004. A estas alturas, y con las informaciones publicadas, ya es imposible sostener lo que dijo en su día el propio presidente Zapatero pero hace mucho tiempo que no se ha atrevido a repetir: que todo lo que teníamos que saber sobre esa matanza lo sabemos ya. Todo lo contrario, señor presidente. Si alguna vez hubo un sumario más endeble que éste del 11-M, más cuajado de preguntas sin respuesta, más lleno de inquietantes manejos, de pruebas amañadas y de oscuras ausencias, por no decir agujeros, que se diga y se le entronice en los anales de la mala administración de justicia, porque la memoria personal no recuerda nada peor y menos sostenible para un asunto de la gravedad y la dimensión histórica que tuvo aquella tragedia.

La realidad, al cabo de tantos meses de espera, es que la mayor parte de los datos relevantes sobre lo ocurrido aquel día y en los días siguientes, o no están presentes o no han tenido explicación plausible en los miles de folios de este sumario interminable y estéril. Con este panorama de incertidumbres y trampas que cada día se nos amplía un poco más, la única esperanza está en que, una vez iniciado el juicio, el tribunal ordene seguir determinadas líneas de investigación que han quedado ahogadas durante la fase de instrucción sumarial. Porque, de otro modo, es inevitable que este otoño-invierno asistamos a una patética demostración de cómo el sistema, impotente, se arredra y se retira humillado ante la maraña de oscuridades que, para mayor escándalo político, las investigaciones periodísticas siguen tenazmente sacando a la luz.

En todos estos asuntos ahora abiertos en canal, el Gobierno se juega su vida. Y en septiembre estarán todos de nuevo sobre la mesa, con virulencia renovada.

victoria.prego@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

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