La crisis entre Israel y Palestina se arrastra desde hace años. Todos los intentos para llegar a un acuerdo de convivencia se han truncado. El conflicto de Gaza con un gobierno palestino que ganó las elecciones a pesar de sus repetidas acciones terroristas se ha extendido ahora al sur del Líbano.

Israel pone en marcha su musculatura militar para demostrar que tiene la fuerza y que la puede utilizar. Los radicales terroristas de Hezbollah mataron ayer a siete israelíes. Paralelamente habían retenido a dos soldados hebreos.

La respuesta del gobierno Olmert es lanzar una ofensiva contra Líbano bloqueando el país por mar y aire y con bombardeos selectivos contra el aeropuerto internacional de Beirut. La central de la televisión de Hezbollah que suministra propaganda por toda la región ha sido atacada también. Israel vive en estado de guerra casi permanente con sus vecinos árabes desde 1958. Para los israelíes es cuestión de supervivencia. Para los palestinos y árabes deviene en una renovada operación propagandística y militar para echar a los israelíes de la zona.

En la operación militar contra Líbano han muerto más de cincuenta personas en las últimas horas. Y morirán más mientras las dos partes enfrentadas no cedan en las cuestiones de fondo y se decidan por encontrar una solución pactada. Ya se ha intentado. Desde los acuerdos de Camp David hasta los acuerdos de Oslo, en tiempos de Sadat y de Arafat, todas las iniciativas han fracasado.

Pero Israel mira al horizonte y no contempla sino hostilidad. La guerra de Iraq ha pasado de ser un serio problema de los iraquíes con su dictadura a un conflicto de dimensiones mayores con decenas de miles de soldados norteamericanos y británicos en el país que no pueden ni siquiera patrullar por el territorio sin poner en riesgo sus propias vidas.

En los emiratos y reinos del Golfo hay más tranquilidad y silencio. Pero el objetivo de Al Qaeda es también derrocar la monarquía de los Saud en Arabia Saudí y controlar una de las fuentes principales del petróleo que llega a Occidente.

La frustración de Turquía con las largas y largas sobre su incorporación a la Unión Europea puede derivar en movimientos internos para cambiar el régimen laico impuesto por Atatürk en los años veinte.

El conflicto ha derivado en una guerra regional y en una inestabilidad implícita o explicita que puede afectar a cualquier gobierno de la zona que, con la excepción de Israel, no es precisamente democrático.

La extensión del conflicto a Líbano, que viene de la seria crisis con Siria que llevó a la retirada de los soldados de Damasco que controlaban el país desde hace años, es un grave movimiento que encrespará los ánimos de los árabes que disponen de televisiones y radios de propaganda para hacer llegar sus mensajes a toda la región.

Estados Unidos están obsesionados con la política de la fuerza. Europa contempla con horror la situación que se va creando en toda la región. El diálogo y la diplomacia han desaparecido del horizonte. Cualquier eventualidad desagradable es posible.