Pasqual Maragall dijo de José Montilla que no era la alegría de la huerta, lo que es una manera de sugerir que él sí constituye el alborozo del vergel. Una de las maneras que ha encontrado el president de introducir en el territorio de la algazara al todavía ministro de Industria ha sido decidir el día de las elecciones sin su conocimiento, lo que como jefe del Ejecutivo está en su derecho, pero como dirigente socialista resulta una divertida sorpresa.

Más ocurrente resultó que la buena nueva no la anunciara Maragall (o su portavoz Nadal) en un comunicado oficial, sino mediante una filtración anteanoche a TV3 de uno de sus colaboradores, el mismo que al cabo de un rato confirmó a periodistas y políticos que la designación del día de Todos los Santos como fecha electoral no era una broma. Toni Batllori dibujó ayer a Maragall como castañera en su tira cómica. Con ello significaba que el president sabía con la elección de tan singular fecha que protagonizaba su última maragallada,término que, como él expuso a Xavi Bosch en RAC 1, define a las decisiones inesperadas que sólo hacen los políticos importantes.

Uno de los primeros en llamar al Palau de la Generalitat pidiendo explicaciones tras ver el Telenotícies fue José Montilla, quien le expresó que podía estar de acuerdo en no convocar las elecciones en domingo, como se viene haciendo desde hace dos décadas, pero entonces prefería hacerlo el día 2, jueves laborable, para que, con cuatro horas pagadas por las empresas, el personal fuera a votar masivamente. Esta inusitada voluntad de luchar contra la abstención no era inocente, sino el resultado de una honda reflexión en el seno del PSC, según la cual ello fomentaría la participación en los feudos socialistas del área metropolitana. Lo que no parece ser un acto de fe en Montilla, pero sobre todo en el sentido de responsabilidad del electorado de izquierdas.

La idea de votar en un miércoles festivo, en el que la tradición invita a ir a los camposantos más que a los colegios electorales, ha sido calificada de "rareza" por ICV, de "excentricidad" por CiU y de "hecho insólito" por el PP. El más comprensivo ha sido Carod, que curiosamente es el político con más capacidad de desconcertar al personal después de Maragall. En cualquier caso, ir a votar el día 1, festividad de Todos los Santos, tal como ratificó ayer el president en el Parlament, tiene algo de metáfora del fin de un invento fallido. Los electores dirigiéndose a las urnas con unos crisantemos en las manos será tanto la postal de una jornada como el recordatorio del tripartito.