Caen cohetes Katiuska sobre el aeropuerto del Líbano y horadan la moral de los inversores en los mercados internacionales mientras que los especuladores, los hedge funds y las grandes instituciones se frotan las manos en el mercado del crudo.

La creciente tensión en Oriente Medio se ha sumado a nuevas interrupciones de suministro en oleoductos de Nigeria, primer productor de crudo de África, con el marchamo de la mafia de la zona y a un panorama de fondo sazonado por los últimos atentados en India y la crisis de los mísiles de Corea del Norte.

El terrorismo internacional ha enseñado la patita de nuevo. Esta vez en la India y los analistas han insistido en que los mercados habían descontado la masacre, vamos que casi no se han inmutado, aunque las imágenes de televisión recordaban los peores momentos del 11-M en Madrid, e incluso los atentados de Londres.

Es difícil acostumbrarse a vivir con ese terrorífico ruido de fondo por mucho que los gestores se nieguen a aceptar el nefasto influjo sobre los bolsillos de los consumidores y sobre la moral de los inversores. Llevábamos meses sufriendo el run-run de Irán con su programa nuclear y los mercados de valores se habían acostumbrado a subir con un escenario preocupante. Crudo al alza, lluvia de especulación en otras materias primas y en los metales preciosos hasta que de repente en una semana irrumpió un tsunami de volatilidad que acabó con la paz reinante.

Los mercados han vuelto a recomponer la figura como podían, pensando en que los beneficios empresariales son buenos, en que todavía los tipos de interés permiten alegrías en la financiación y machadas como las realizadas por una buena parte de las constructoras españoles, que están endeudadas hasta las cejas gracias a su expansión internacional, especialmente europea.

Sin embargo, el virus del terrorismo y la pugna en Oriente Medio han terminado por reaparecer de nuevo, con una fuerza inusitada. Como el que no quiere la cosa, sin darnos cuenta, hemos visto que el crudo brincaba y brincaba hasta alcanzar los 76,20 dólares el barril de crudo Brent.

Los augurios de los que hace solo unos meses hablaban de los 80 dólares el barril están cada vez más cerca y, paralelamente, el horizonte se enrarece porque el panorama de tipos de interés al alza no cesa en Estados Unidos. Vamos ya por el 5,25% y en Europa en el 2,75%, pero se espera que en agosto, el día 3, vuelva a subir hasta el 3%, al tiempo que, hoy mismo, el Banco de Japón dará explicaciones sobre el fin de la era de tipos de interés cero.

La inflación arrecia y el precio del crudo amenaza con quebrar la capacidad de resistencia mostrada hasta ahora por las economías occidentales, que han soportado bien el estratosférico precio del petróleo. Si la política de endurecimiento del precio del dinero en el mundo persiste, habrá países como Estados Unidos, Reino Unido y España donde el endeudamiento de las familias quizá no pueda soportarlo. Sobre todo con la moda de la rehipoteca, la hipoteca matusalén y otras tantas que se están consolidando en nuestro país.

A las tensiones geopolíticas se le suman las limitaciones de capacidad de refino de algunos países como Estados Unidos y el tirón de la demanda, que se ha reflejado en una caída de reservas. “Se han producido paradas de mantenimiento en las refinerías que ahora están entrando en servicio y por eso se explica la caída de inventarios de crudo”, indican los especialistas, que también recuerdan otro dato importante: todavía no ha empezado la época de huracanes.

Mientras tanto, los beneficios de las grandes petroleras mundiales dan hipo y distorsionan los números del consenso de resultados empresariales en Estados Unidos. Con las petroleras se habla de incremento de hasta el 12%. Sin ellas no más del 8%.

Empresas aparte, los inversores tratan de sobrevivir ante los momentos de falsa euforia de las bolsas y de soportar los embates de la incertidumbre geopolítica: Oriente Medio, terrorismo en India, Irán, Corea, es imposible descontar. Lo dicho: cohetes Katiuska, los conocidos órganos musicales de Stalin, caen sobre la moral de los inversores e incendian el precio del crudo.