La matanza de Bombay, donde el terrorismo aspira a crear un conflicto entre dos naciones con armas nucleares, tiene para nosotros la lectura del infierno; digo infierno, el de Dante, donde se ven los rostros surcados por sangre que cae a los pies. Bajo el mandato de la misma sunna, todo parece obra de la yihad, la guerra santa contra las democracias; terrorismo islamista de los libros sagrados. Le religión ha sido el prototipo de la ideología terrorista; no sólo el Corán, también la Biblia, chorrean sangre como el propio capitalismo. Hay salmos que parecen zutabes. Los dos monoteísmos se impusieron a base de sicarios; mataban a los romanos con la daga o la sica reivindicando un estado judío independiente y los asesinos (hachichin) hacían lo que hoy Bin Laden en Bagdad o Palestina. Cuando Robespierre defendió el terror como virtud revolucionaria, las plazas y los arrabales de la Historia estaban llenos de humo y ceniza por las cruzadas, la Inquisición y las guerras de religión.
Aunque en El escudo de Arquíloco Juan Aranzadi encuentra el paralelismo de los mesías y mártires orientales con el proyecto abertzale, hoy el sueño de ETA no es trascendente, ni bíblico, ni busca la tierra prometida; la mayor parte de la organización está dispuesta a dejar ya el escudo junto al matorral; se sabe derrotada y no tiene una causa divina para entregar la vida. Aunque hayan leído más a Fanon que a Omar Kayan, no aspiran a morir en nombre de Dios; ya han visto que no van a descuartizar a España; tal vez piensan, al contrario que los musulmanes, que si en el cielo hay huríes y vino, como dicen los mulás, mejor ir tomando txikitos y txangurro en el barrio viejo de San Sebastián y si es posible ser jubilata con pensión antes que preso. No se puede hacer terrorismo suicida con el objetivo de lograr una reforma administrativa, ¿quién entregaría la vida por el Condado de Treviño? No les espera el paraíso, ni las medallas, ni calles que lleven su nombre, ni txistus; si algo les queda de leninistas habrán sabido que Euskadi ya no es una ensoñación de barbudos con turbantes como Al-Andalus. ¿Acaso van a dinamitar estaciones y rascacielos para que Otegi sea alcalde de San Sebastián? Sus sueños son mendicantes; aspiran a celebrar un referéndum y a que sus presos salgan a la calle en dos años, lo cual es hoy casi una quimera. Ellos ya no aguardan ni a Moisés ni a Alá, y hasta París se descojona cuando les oye hablar del País Vasco francés.
Su último autobús se llama Zapatero cuando en España están diseñadas las dos teorías finales: una concepción policiaca (PP), que según Sanguinetti, representa la forma extrema de alienación política y la mordedura del anzuelo del enemigo (PSOE), que es lo que se ha tragado engañosamente Zapatero, cuando no ha podido o no ha querido hacer la síntesis entre ambas alternativas.
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