La Comisión de Urbanismo y Ordenación del Territorio de Asturias (CUOTA) acaba de darle la aprobación al plan de Roces, lo que significa que la gestora de suelo Sogepsa querrá imprimirle a dicha actuación una celeridad tal que puedan verse máquinas en el lugar antes de los comicios de mayo del año que viene.

No es tan complicado. Al día siguiente de la ocupación de una sola de las fincas ya se puede montar una de esas carpas blancas donde hablan los repúblicos justo después de colocar una primera piedra e inmediatamente antes de que se repartan pinchos y un vino español.

Sería el primer pedrusco de la urbanización, ya que las máquinas de los edificios tendrán que esperar un poco más de tiempo.

Pero a lo que vamos ahora es a que el parque residencial de Roces ha recibido el empujón final del organismo del Principado tutelante de la ortodoxia urbanística.

Sólo el de la ortodoxia formal, ya que la de los contenidos es otra cuestión. Por ejemplo, que un 20 por ciento de los 3.700 pisos de Roces vayan a ser de promoción libre es cuestión que no se ha sometido a ninguna consideración lógica, salvo a la lógica del mercado, es decir, que salgan las cuentas de la operación de manera que una parte del precio de los solares destinados a vivienda protegida sea pagada por los adquirentes de fincas para vivienda libre.

Pero esto no es más que un apaño que nuevamente consideramos inconcebible, en tanto que se trata de una operación bajo la figura de la expropiación, pese a que, bajo esa amenaza, se hayan alcanzado acuerdos con la mayoría de los propietarios de suelo.

A estas alturas del tiempo, tendría que ser ya una práctica desterrable que se obre con expropiación para obtener suelo que en parte se ofrecerá al libre mercado. O sea, que un expropiado a 42 euros por metro cuadrado vea después que un piso resultante alcanza un precio bárbaro a costa de lo que le arrebataron. A ver si es la última vez.