Cuánta e inconsolable tristeza sentimos los discípulos de Gandhi, los pacifistas de cerebro y corazón, ante el imperdonable y excelso cabezazo que le asestó el volcánico eremita Zidane a un delincuente profesional con carné de futbolista llamado Materazzi. Y como casi siempre, ganaron los malos. Y el hombre que más alegría y fascinación nos ha regalado a tantos agradecidos espectadores en la última década se despide del fútbol con lágrimas, sentido de culpa y con la pavorosa sensación de que se ha enturbiado su legendaria gloria. Para nada, admirable Zidane. Y, por supuesto, ni en la peor pesadilla deseamos que aparezca Materazzi flotando en el Tíber. Y siempre recordaremos con indignación y pesar el gancho de KO que el desdeñoso mago Romario da Souza Faría le soltó al nada agresivo Simeone. O la patada de kárate que le estampó el filósofo Cantona a un espectador nazi que llevaba horas dándole la brasa y recordando a su santa madre. Qué horror tan humano y poco ejemplar lo de responder a la violencia y no seguir el ejemplo de Cristo en ofrecimiento de mejillas castigadas. Pues eso, que aquí estamos, para lo que se le ofrezca, monsieur Zidane. Y gracias por todo.

No he podido engancharme nunca con la sofisticación científica que acredita a los maderos de la triunfante y adictiva serie CSI: Las Vegas, pero tengo curiosidad por observar las variaciones o las características de estilo que haya podido introducir en ella su morboso fan Quentin Tarantino. El capítulo Peligro sepulcral demuestra la fascinación del posmoderno y brillante autor por una temática que Poe desarrolló magistralmente en cuento y algunas de las obsesiones de Hitchcock, pero la escalofriante idea de alguien atrapado en un ataúd ya la había descrito antes Tarantino en la segunda parte de Kill Bill. El autoplagio no está penado y además es legítimo sacarte un pastón suplementario por describir en el argumento de una serie televisiva de lujo lo que antes sólo te daba para la secuencia de una película.

También utiliza cruelmente la desastrosa y travestida vejez de Tony Curtis para hacer una broma de dudoso gusto respecto a la genial Con faldas y a lo loco. Y es evidente el talento de Tarantino para describir la angustia y sabemos que ancestralmente se siente muy a gusto con todo lo relacionado con las vísceras y el gore, pero su incursión en la tele tampoco es demostrativa de la llegada del Mesías. Qué mal me cae este brillante creador, este excepcional y sorprendente escritor de diálogos, este humorístico inventor de personajes excéntricos que sabe combinar en el mismo plano la violencia extrema y la comedia siniestra, este consecuente enamorado del degradante spaguetti western y de los subgéneros del cine de kárate. David Lynch, su brillante y rarito antecesor en el cine moderno, también pisó la tele. Con mejores resultados que Tarantino. Los dos primeros capítulos de Twin Peaks eran algo más que curiosos, eran hipnóticos.

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