Hace tres años, un gran incendio destruyó una parte importante del parque natural de Sant Llorenç de Munt i la Serra de l'Obac. Se podría pensar que, si el agua apaga el fuego, los ríos no deberían temer nada de este fenómeno, pero nada más lejos de la realidad, ya que el fuego (entre otros efectos) arrasa la vegetación de ribera, y sin ella el río queda desnudo. Tras aquel incendio, la llegada de las primeras lluvias convirtió la situación en dramática: al cabo de 12 días de quemarse el bosque, una violenta tormenta arrastró los suelos desprotegidos y quemados, llenos de cenizas, hacia los ríos. El agua que bajaba por ellos era sumamente turbia, cubierta de espuma blanca (resultado de la emulsión de la materia orgánica), ácida y llena de contaminantes originados por los incendios (hidrocarburos aromáticos policíclicos). Al día siguiente, la situación era dantesca: miles de peces yacían muertos y los ríos eran un mar de fango mezclado con cenizas. Parecían irremisiblemente destruidos.
Pero las lluvias de final del 2003 y de la primavera del 2004 arrastraron los fangos contaminados, y el río en pocos meses adquirió un aspecto en algunos casos similar al que tenía antes del incendio (excepto el bosque de ribera, que tardará años en recuperarse). Los peces, sin embargo, todavía no han vuelto (y tardarán en hacerlo, si el esfuerzo de la Administración en recuperarlos sigue como hasta ahora). Mientras que se han dedicado miles de euros a restaurar los bosques, poco se ha hecho para recuperar los ríos afectados por los incendios. Por suerte, los ríos mediterráneos están acostumbrados a las grandes perturbaciones, como la gran avenida de otoño del 2005 o la sequía de este mismo verano. Hace miles de años que los ríos se recuperan de percances de este tipo (por suerte no necesitan de la Administración para recuperarse). Y esta primavera los ríos han vuelto a correr por el parque de Sant Llorenç y se han llenado de plantas y animales (excepto los peces que lo tienen complicado para subir río arriba).
PARECE QUE la Generalitat empieza a sensibilizarse con la necesidad de proteger los ríos, y ha aprobado en su último Consell Executiu el plan sectorial de caudales ambientales. Es un documento de gran importancia que fija el caudal que debe pasar por los ríos de Catalunya para garantizar que el río será un ecosistema y no un mero canal de agua. Así, el Govern cumple uno de los compromisos del pacto del Tinell y también alguna de las obligaciones derivadas de una ley europea: la directiva marco del agua. El azar ha hecho coincidir esto con el Quinto Congreso Ibérico de Limnología (ciencia que estudia la ecología de los ecosistemas de aguas dulces), que rinde un merecido homenaje al fallecido profesor Ramon Margalef, gran estudioso y defensor de los ríos y de la vida que en ellos habita.
El plan de caudales es muy importante. Si visitamos un río que tenga una minicentral hidráulica (es decir, con un azud que deriva el agua a un canal para mover una turbina), veremos rápidamente que la realidad puede ser tan dramática como la de los ríos quemados hace tres años en Sant Llorenç. Por ejemplo, en Can Bros (río Llobregat, Martorell) el azud y el canal existentes pueden llegar a derivar hasta 17.000 litros por segundo de un río por donde la mayor parte del año no pasan más de 6.000 litros. El caudal que libera esta central es nulo o ri- dículo (menos de 100 l/s, a pesar de tener fijado uno de 1.462 l/s). El plan aprobado por el Govern le asigna 4.000 como mínimo. Aunque no será fácil hacer realidad el plan, ya que hay muchos intereses económicos que pueden quedar afectados (una minicentral es un gran negocio), tenemos un instrumento para luchar para que los ríos no se sequen por nuestra culpa.
Dentro de su dramatismo, los incendios son fenómenos que han estado presentes en la naturaleza desde tiempos inmemoriales. Los ríos (y los bosques) pueden llegar a adaptarse y a recuperarse del fuego si la intervención humana les deja. Dejar el río seco (derivando el agua) es tan dramático como un incendio, pero con el caudal adecuado el río también se recuperará. Si este año los incendios vuelven a nuestros bosques, no lamentemos su pérdida: pongamos manos a la obra para su recuperación. Y para las minicentrales hemos de encontrar la manera de posibilitar la producción de electricidad sin perjuicio del caudal ambiental que debe circular por el río.
TENEMOS A los científicos y técnicos necesarios para solucionar estos problemas, y tenemos medios. Nos falta voluntad política y una administración del agua que considere que esta no es solo un recurso para utilizar, sino una parte de la piel viva de nuestro planeta que debemos disfrutar y respetar. Aunque la Agència Catalana de l'Aigua ha avanzado hacia la sostenibilidad del ciclo del agua en los últimos años, todavía le queda un largo camino por recorrer.
NARCÍS Prat. Catedrático de Ecología.

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