ESTA semana se inicia la que será, parlamentariamente hablando, la última de la actual legislatura en Catalunya. A ella se llega en una situación novedosa desde el inicio de la transición: el Govern no tiene mayoría parlamentaria tras la expulsión de Esquerra Republicana y, en consecuencia, Pasqual Maragall conduce un Ejecutivo en minoría con los únicos apoyos de su partido, el PSC, y de Iniciativa per Catalunya. En esas frágiles condiciones, el president ya anunció cuando los republicanos fueron forzados a dejar el Ejecutivo que disolvería la Cámara catalana durante el mes de agosto y convocaría elecciones. Más tarde anunció también que no se presentaría a la reelección. El tiempo transcurrido desde entonces no ha sido suficiente para que se conozca con exactitud la fecha de la consulta electoral.Tanto el Estatut de Sau como el aprobado recientemente dejan en manos del presidente de la Generalitat la convocatoria de elecciones. Es, en consecuencia, una responsabilidad personal. Ello no es óbice para que la intriga que actualmente se mantiene carezca de lógica alguna. Las fechas entre las que Maragall puede escoger si mantiene su compromiso son muy pocas. Dos o tres, como mucho. El 22 de octubre, el 29 del mismo mes y, forzándolo mucho, el 5 de noviembre. Su intervención de esta semana en el Parlament debería servir para despejar el interrogante.
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