En un ensayo titulado La estupidez que André Glucksmann dedicó hace más de veinte años a desenmascarar en tono provocador los análisis interesados que han terminado por adueñarse del discurso de la izquierda, el conocido politólogo francés asegura un par de cosas que ya he citado aquí más de una vez, pero que vuelvo a traer porque le vienen como anillo al dedo al que, para mí, es el episodio más extravagante del, para mí, arriesgadísimo experimento que se trae el presidente del Gobierno con ETA: la entrevista que ha celebrado el líder de los socialistas vascos, Patxi López, con Batasuna para decirle "mirándole a los ojos" que tienen que "legalizarse" y cumplir la ley de Partidos si quieren volver a participar en el juego político.
"Si intentásemos disimular que un avión de guerra ha sido concebido para matar, apostaríamos por la necedad de un público que acabará por darnos la razón", escribe Glucksmann. Y, más adelante: "Ellos están convencidos de que las buenas intenciones son todopoderosas, y que basta con manifestar su cándida probidad para desarmar a los malvados. Pero - concluye- no basta con mirar a un cazabombardero a los ojos para desarmarlo".
El problema de este proceso que Zapatero llama impropiamente "de paz" son los medios, no el fin, el precio de la paz, no la paz. Qué estamos dispuestos a darle a ETA (porque algo habrá que darle, seguro) y qué no, a cambio de que deje las armas, salvaguardando la memoria y la dignidad de las víctimas. Para ambas cosas, el PSOE necesita al PP, sin él, el obsceno espectáculo de la instrumentalización partidista del dolor de las víctimas irá a más. Y, además, ¿quién le garantiza a la banda que un posible gobierno popular cumplirá lo que acuerden con Zapatero? Al jugarse el apoyo del PP a la carta de la entrevista con Batasuna, el presidente ha cometido un grave error. Y cuanto más tarde en rectificar, más rehén será de ETA. Es verdad que Batasuna está deseando volver a pisar moqueta,pero el capitán del barco de Batasuna es ETA.
Parafraseando a Glucksmann, por mucho que el Gobierno quiera disimular, ETA es una banda concebida para matar. Es iluso pensar que vaya a desarmarse por un batir de pestañas o un guiño de cejas de Zapatero. Menos aún, de López. Bajo la presión de la unidad de los demócratas, tal vez. Sólo tal vez.

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