Pero no con mis hijos, de Josep Miro i Ardevol en El Mundo de Cataluña
La nueva Ministra de Educación, Mercedes Cabrera, intenta presentar la nueva materia de Educación para la Ciudadanía como algo normal y habitual en Europa. Es más, afirma que responde en gran medida a una directiva europea para brindar a nuestros hijos los instrumentos adecuados para participar en la sociedad.
Una vez más nos encontramos ante la manipulación de los datos reales hasta convertirlos en un engaño, lo que constituye una de las formas más reprobables de entender la política, aunque en nuestro país exista una tolerancia excesiva hacia esta actitud que quiebra lo fundamental en política: la confianza.
Es un engaño porque la directiva, que como es sabido posee una naturaleza jurídica en la UE de orientación general, que cada gobierno debe interpretar y aplicar (a diferencia del Reglamento que constituye un texto comunitario totalmente inviolable por los estados miembros).
La directiva se refiere a fines que debe cumplir la educación, pero en ningún caso define los instrumentos de cómo conseguirlo, y mucho menos llega a concretar que deba existir una materia lectiva especifica de educación, para la ciudadanía o como quiera llamársela.
Más bien se trata de una orientación de aplicación transversal que deben transmitir la mayoría de las docencias, especialmente las más relacionadas. Desde la Historia a la Religión, pasando por la Filosofía y las Ciencias sociales. Es este cuerpo que debe proporcionar los conocimientos y las actitudes responsables para forjar buenos ciudadanos. Y no un adoctrinamiento específico cuya orientación establece el gobierno de turno.
La vía escogida por el Gobierno español es excepcional en Europa, y muy habitual en los regímenes totalitarios o de vocación totalitaria; esto es, aquellos que conciben al Estado como la razón y causa fundamental de todo, ya que, por consiguiente, reducen a la sociedad civil a un sujeto amorfo que debe ser moldeado por la doctrina del poder. El Gobierno se erige en juez ético y moral, extralimitándose absolutamente de sus funciones.
El campo propio de la educación de la conciencia ciudadana, que de esto se trata, en definitiva, ha sido y es fundamentalmente el campo de la filosofía, que tiene como propias las parcelas de la moral, la ética, la axiología, y, su ámbito autónomo, la política.
También es determinante el papel del conocimiento histórico sobre todo por lo que hace al conocimiento de la evolución de las ideas y, después, desde un punto de vista más instrumental, el funcionamiento de estos valores en la práctica, otra vez la Historia y las Ciencias sociales, que asímismo nos permiten contextualizar e interiorizar las instituciones que nos hemos dotado y sus valores. Es un absurdo haber reducido la Filosofía a la mínima expresión e introducir ahora un adoctrinamiento segmentado.
También para un número mayoritario de padres, la clase de religión es donde se construyen los fundamentos para ser un buen ciudadano.
No hacerlo así, plantearlo como una asignatura con un temario elaborado por el Gobierno, es un peligro para la democracia y la libertad, y un atentado grave a los derechos de los padres sobre la educación de sus hijos, que la Constitución contempla.
Su aplicación, por consiguiente, solo puede mover al rechazo y a una movilización hasta conseguir que esta reencarnación de la Formación del Espíritu Nacional franquista vuelva del reino de la nada.
Pero no con mis hijos.
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