El Papa, mejor que sus obispos, de las pesquisas de Marcello en Estrella Digital
En contra de lo que esperaba el ala dura de la Conferencia Episcopal Española, las organizaciones católicas más radicales (Opus, Kilos y Legionarios), la COPE tocando el bombo y el flanco conservador del PP, el Papa Benedicto XVI optó por la prudencia en su primera visita a España y no ha entrado en los terrenos del César ni ha osado reñirle en público al Gobierno, ni a su presidente, ni a su presidenta. A los que el Pontífice ha regalado un rosario para que recen, que el astuto Moraleda convirtió por arte de magia en sendos collares de perlas ornados con una cruz, para Sonsoles y María Teresa, dando el portavoz de este Gabinete un ejemplo más de su habilidad.
Aunque el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Vals, destacado miembro del Opus Dei, no le fue a la zaga criticando en pleno viaje del Papa hacia España la decisión del presidente Zapatero de no acudir a la misa papal, poniendo como ejemplo, mal ejemplo, a Castro como devoto asistente a las misas papales.
La visita de Benedicto XVI a España y su mensaje a las familias de todo el mundo ha sido un éxito moderado porque en la capital valenciana no se batieron marcas de una asistencia millonaria (en torno a quinientos mil fieles, según la versión menos generosa), como ocurrió en Polonia; pero sí fue una visita pastoral con mensajes muy medidos y el subrayado de que la familia para la Iglesia está formada por la unión de un hombre y una mujer, lo que para los lectores de intenciones políticas fue un aviso o crítica a los matrimonios homosexuales a los que el Papa no quiso mencionar.
No conocemos el alcance político, si lo hubo, del encuentro de Benedicto XVI con el presidente Zapatero, pero todo indica que el breve encuentro discurrió bajo la cortesía vaticana y la prudencia papal, que ha superado en mucho las tensiones previas a su viaje que han sido alentadas por el cardenal Cañizares al margen de la Conferencia Episcopal Española, que había optado por la prudencia ante la división de opiniones internas, una prudencia que rompió el cardenal toledano para ver si el Papa hablaba del debate sobre la unidad de España por la que el Primado había pedido rezos; pero eso no ocurrió, lo que luego ha sido leído por los afines al Gobierno como una desautorización.
Al final, quienes pensaban que el Papa iba a inclinar la balanza del debate político en favor del PP se equivocaron, y puede que eso haya sido lo mejor que le podía ocurrir al PP, que suele entrar con mucha facilidad a todas las provocaciones que le lanza el PSOE en relación con la Iglesia, la república, la Guerra Civil, Franco, etcétera, para al final dar una imagen retrógrada con la que el Gobierno justifica sus desvaríos y oculta parte de sus errores y de sus vergüenzas.
Con la misma habilidad que el Pontífice ha sabido evitar el enfrentamiento político y de paso una crisis descarnada en el seno de la Conferencia Episcopal Española, la que ya veremos cómo acaba dilucidando sus discrepancias internas después del jarro de agua bendita, pero fría, que el Papa ha derramado sobre sus más acalorados portavoces, que a lo mejor esperaban al Ratzinger cardenal y que se han encontrado con el Papa, todo un descubrimiento para ellos y para los españoles en general.
