La Universitat Progressista d´Estiu de Catalunya (UPEC) celebra su segunda edición bajo el título Què va fer el Govern catalanista i d´esquerres i la gent no sap.Ya que, al parecer, las universidades públicas de Catalunya son reaccionarias y las privadas retrógradas, PSC, ICV y ERC han creado la única universidad progresista que se caracteriza por el "rigor y la objetividad", según dice su publicidad y se comprueba al ver que todos sus profesores y ponentes pertenecen al Govern, a PSC, ICV, ERC, CC. OO. y UGT. Con unos doscientos inscritos y menos de treinta alumnos en cada sesión que presenciamos, los menores de 23 años no pagan, aunque no había ni uno de esa edad y predominaba el alumnado jubilado con tarjeta rosa de descuento.
El alma máter del nuevo ente universitario es el catedrático de la Universitat Pompeu Fabra Vicenç Navarro, a quien no afecta la ley de Incompatibilidades y es, para que se entienda, un equivalente académico del Josep Maria Vallès, quien lideró Ciutadans pel Canvi. Modelo de objetividad científica, Navarro llama "compañeros" a todos los consellers, profesores y militantes socialistas, entre los cuales no consta ningún premio Nobel ni ningún doctor honoris causa como Joan Manuel Serrat, por ejemplo. Tal vez por eso, los eventos musicales nocturnos de la UPEC son de jazz, rock y música de dj.
El símbolo de la UPEC, ahora que Chupa Chups ha dejado de ser catalana, es un helado polo con una estrella roja de cinco puntas como aquella del ejército Rojo. Y, bajo ella, un lema que afirma: "Fem la Universitat Popular!" En esa línea, mañana se proyecta una película "social" que cuenta las desventuras de Iguazú cuando se deslocalizó una multinacional, aunque no se visionará ningún documental semejante sobre los efectos de las deslocalizaciones vividas en Catalunya durante el trienio tripartito.
Con notables bajas de ponentes de ERC a última hora, desfilan por la tarima profesores como los consellers/ es y ex consellers/ es Josep Huguet, Francesc Baltasar, Marina Geli, Anna Simó, Antoni Castells, Salvador Milà, entre otros/ as. Además de una serie de actos sobre la Segunda República, la memoria histórica, el sindicalismo vasco contado sólo por CC. OO. y UGT, que son los sindicatos minoritarios en Euskadi, hay mucho "cine social", un paseo dominical por el patrimonio industrial de UGT y un curso de grafitis. Como en los pasillos de las universidades siempre se aprende algo, el diputado de ERC Joan Tardà decía a un disidente de algo: "A la larga, lo que se valora es que la gente sea consecuente".
Consecuentemente criticada por la oposición y por la Universitat d´Estiu de Prada, de las sesiones a las que asistimos no parece por ahora que la UPEC se lleve muchos alumnos de las otras universidades de verano ni de invierno. La lección más intelectualmente interesante que oír pudimos corrió a cargo del eurodiputado Raimon Obiols, quien se cansó de escuchar intervenciones sobre "el viejo discurso" de la crisis de la izquierda, de su incapacidad de presentar alternativas, de su incapacidad de entusiasmar y de su incapacidad de reflexión autocrítica. Frente a tanto lamento, Obiols propuso una "revolución cultural" consistente en "superar divisiones y enfrentamientos, no practicar el masoquismo, no dictar clases de izquierdismo y salir de los estereotipos". Fue lo más lúcido e inteligente que se ha oído hasta el momento, pero lo menos aplaudido. Y es que si se lleva a cabo esa revolución cultural, ÀLEX GARCIA igual la Universitat Progressista deja de tener sentido y subvenciones. Por ahora, dado su poco éxito de público y de crítica, la Universitat Progressista aún no ha logrado que la gente se entere de lo que hizo el Govern Catalanista i d´Esquerres, aunque todos los/ as profesores/ as y alumnos/ as coincidieron en que la culpa la tuvo tanto hablar del Estatut.

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