Hoy, en el mismo hotel de Bellaterra que CiU ha utilizado durante años para realizar las reuniones de sus órganos de gestión, nacerá un nuevo partido. Ya tiene nombre concreto, Ciutadans-Partit de la Ciutadania, y, aunque no tiene candidatos asignados -serán desconocidos con toda seguridad-, contiene argumentos claros y concretos para convertirse en una fuerza con representación parlamentaria.
La plataforma de intelectuales que organizó Ciutadans de Catalunya supo encontrar el momento preciso en el que la sociedad estaba receptiva a una iniciativa de este tipo. Entendió que muchos votantes, sobre todo de izquierdas, no iban a permitir las veleidades nacionalistas que el PSC y su candidato se estaban concediendo desde el gobierno tripartito. Mucha gente votó a Pasqual Maragall para huir del nacionalismo de CiU. Ese es el votante mayoritario de Ciutadans de Catalunya.
El término intelectuales fue tomado desde algunos sectores temerosos del proyecto en forma de mofa. «Aquí cualquiera puede ser intelectual», se dijo. Los ataques no acabaron ahí. Se les ha acusado de divismo.Sus líderes principales y más conocidos, Francesc de Carreras, Albert Boadella o Arcadi Espada dicen que son unos divos. A estas alturas ese término queda superado. ¿Es que hay alguno de los tertulianos de Josep Cuni, Gloria Serra, entre los que me encuentro, o Luis del Olmo, que no sea divo? ¿Es que se puede asistir con asiduidad a un cuarto cerrado donde un señor pregunta frente a un micro y otros reflexionan, sin creer que todos tienen algo de divos?
Superado el término intelectual (en definitiva no deja de estar relacionado con personas que realizan actividades que requieren principalmente esfuerzo del intelecto) llegamos a lo mediático de la cuestión. Naturalmente que los quince que se reunieron en el Taxidermista tienen un importante impacto mediático. Los tres mencionados antes, junto a Félix de Azúa, Horacio Vázquez Rial, Iván Tubau, Lázaro Covadlo y otros muchos, tienen suficiente entidad como para que los diarios se interesaran por ellos. Pero, precisamente por ellos y porque ninguno es político profesional, las ideas deben pesar más que las personas. Vivimos en la era de las caras mediáticas. Los contenidos tienen menos importancia.¿Quién conoce los programas electorales antes de votar? Ese error tan interiorizado por la ciudadanía no tiene por que ser aceptado.Ciutadans también se enfrenta a otro reto. Que las ideas ganen por encima de los liderazgos. Y llegamos a las ideas.
¿Qué defiende Ciutadans de Catalunya? Precisamente de eso se trata. Durante meses, algunas personas han estado trabajando en poner en orden los mensajes que pretende trasladar a la sociedad.Pero uno debería prevalecer sobre todos: que en Cataluña, en España se pueda hacer política por encima de nacionalismos. O lo que es lo mismo, dejando a un lado patrias, banderas, himnos, sangres, denominaciones, hechos diferenciales y territorios, que podrán tener su importancia (para algunos) pero no marcar la cosa pública. Y ese rechazo a cualquier nacionalismo lo deberían entender por igual cuando se visualice Cataluña o España. Que los hay en todas partes.
Concebida la primera idea, llegamos a la tendencia del futuro partido. Son de izquierdas o de derechas. Puede que ni la sociedad catalana, ni la española estén preparadas para rechazar con normalidad dos conceptos que entre las nuevas generaciones están pasados de moda. Siempre es más fácil la autodefinición a partir de un estereotipo encasillado que algo que divaga entre muchas cosas.Lo saben los estudiosos en literatura comparada. En todo caso, Ciutadans de Catalunya es un movimiento que nace desde la izquierda, pero con muchos liberales a los que les une el rechazo nacionalista.Lo que pueda ser a partir de ahora, ellos sabrán. Todo parece indicar que la izquierda gana de calle. Y eso es normal. El socialismo siempre estuvo enfrentado a cualquier idea nacionalista. Lo ocurrido durante los últimos años en el PSC ha sido algo muy concreto, provocado por los 23 años de síndrome pujolista. Puede que el tripartito les haya vacunado y Montilla sea el antibiótico de tercera generación adecuado.
Mientras, la creación de Ciutadans es el aire más fresco que ha llegado a Cataluña desde hace muchos años. Algunos colectivos están temerosos. Aquellos que les llaman de representar a la derecha o los que una y otra vez los acusan de españolistas.Las críticos llegan a los que nunca cambiarán su opción de vida.Felices ellos. Pero esa mayoría amplísima de catalanes que están hartos de muchas cosas, esos tienen las ideas claras. Sobre todo después de tres años de divina comedia, donde las cinco fuerzas políticas, las cinco, les han hecho pasar por un infierno.
Si saben jugar sus cartas pueden alcanzar una representación parlamentaria suficiente para que su mensaje se oiga. No deben ser ambiciosos. No pederse en piruetas alambicadas. Dejar que la intuición les conduzca hasta sus votantes. Los que hoy se encuentran huérfanos.
Asistir al nacimiento de un nuevo partido es una suerte para la democracia.
alex.salmon@elmundo.es
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