El Tour de Francia ha comenzado, aunque sin demasiada gloria. Las decisiones sobre el dopaje, real o presunto, de diversos ciclistas lo ha enturbiado y ha eliminado de la competición a primeras figuras. O sea, que nos han hurtado el bullicioso y arriesgado espectáculo vedetista al que estábamos acostumbrados, luego nos sentimos defraudados. Y es que hemos perdido la costumbre de lo que puede significar una prueba o una manifestación deportivas, lo que ansiamos son los grandes triunfos, la explosión asombrosa y generadora de culto idolátrico. Sólo nos interesan los deportistas que alcanzan el primer puesto, los demás son ignorados.
Y esto en el Tour, en el Barça, en el tenis, en las motos, tanto da. ¿Qué significa ese Barça a tope? Una entelequia, un emblema, una necesidad sobrestructural de identificación colectiva, que tangencialmente se refiere al deporte catalán. Al cual sólo le es propio, en todo caso, el dinero con que se contrata a los grandes astros intercambiables internacionalmente de club en club. Así el Barça encarna, en rigor, una magnífica muestra del profesionalismo balompédico en la era de la globalización. Nada más lícito que las empresas funcionen. Es como fueron los JJ. OO., el acontecimiento más celebrado en Catalunya el último cuarto de siglo, una entronización de deportes y de atletas sobre la mayoría de los cuales no teníamos ni tenemos idea. Pero depositamos en ellos la delegación de nuestro ser y felicidad nacionales, aún medio vivimos de sus triunfos y gracias a lo cual convertimos a su gestor municipal en genio de la política indígena. Con las consecuencias conocidas, pero esto no importa, el aura olímpica sobrepasa aquí cualquier otra circunstancia o ejecutoria. De ahí nació aquel Fòrum pachorra y deshuesado. Porque a los JJ. OO. no los inventamos, sólo los manejamos. Pero al Fòrum debíamos inventarlo, y entonces nada de nada. Somos flor de un día.
Por lo demás, esta competitividad sin freno y justificada sólo en el número uno o en ganar el partido comporta sin excusa una u otra drogadicción o ayuda química, que una temporada será legal y otra no. Batir récords sin cesar, efectuar esfuerzos desmesurados, no se consigue por las buenas, pruébese el horror de subir el primero pedaleando a una montaña; cátese el miedo en una moto a 300 por hora, de alguna manera hay que vencer estos obstáculos para contentar a los que nos sentamos ante el televisor y aplaudimos tragando los anuncios de camisetas y de vallas. Si al Tour le da por la sinceridad, tendrá que comenzar rebajando kilómetros y collados en cada etapa y terminar por rebajar sus ingresos publicitarios.

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