De niño, oía que los mayores hablaban de que Fulano había encontrado trabajo en el Ayuntamiento, y que eso significaba que no tenía que preocuparse de buscar nunca más en la vida. Muchos trabajos eran para siempre.Hasta los matrimonios lo eran, al menos formalmente. Ahora, en cambio, nada es eterno, y la aparición del carnet de conducir por puntos remata esa percepción. Hasta que lo aprobaron, te sacabas el carnet y lo tenías de por vida. Te podía caer alguna multilla, pero, a no ser que fueses un descerebrado, no te lo retiraban.
Ahora, en cambio, en dos minutos te puedes quedar sin carnet, como les sucedió a cuatro catalanes el fin de semana pasado, el primero con esa novedad. En prensa, radio y televisión, mucha gente dice que el nuevo carnet es una maravilla y que es la manera de que vayamos entrando en vereda. Sólo falta pulir ciertas injusticias. La de que en Madrid y Barcelona te quiten puntos y en el resto de las ciudades no. La de que los vehículos que no precisan carnet no estén sometidos a ningún control. Las bicicletas, por no necesitar, no necesitan ni matrícula. ¿Por qué? ¿Cómo se va a controlar un vehículo que no puede ser identificado?
Y cuando, a la corta o a la larga, hasta las bicicletas estén controladas - que lo estarán-, por controlar sólo quedarán los peatones. ¿También deberían tener carnet por puntos los peatones? Pues sí. No es justo que, siendo uno de los grupos en conflicto, no se les pueda ir restando puntos para castigar sus imprudencias, que son muchas y variadas. Es cierto que, de todos los colectivos que usan la vía pública, son los más débiles, pero eso no los exime de un comportamiento civilizado. Al contrario: precisamente por ser los más débiles, son los que pueden salir peor parados, y eso hace aún más urgente controlarlos y, si es necesario, retirarlos de la circulación cuando no saben protegerse debidamente. ¡Cuántos accidentes provocan jovenzuelos que atraviesan la calle por donde no deben y que al coche o a la moto a los que obligan a frenar bruscamente les echan una mirada en que se lee: "Ya te pararás tú, ¡por la cuenta que te trae!". ¿Y los viejecitos suicidas, que sin mirar ni a derecha ni a izquierda se lanzan a la calzada de improviso, como si buscasen por esa vía la solución eutanásica que la ley aún no les brinda?
Ysi ciertos peatones son una pesadilla para automovilistas y motoristas, todavía lo son más para otros peatones. Ahí, el carnet por puntos es aún más necesario. A los que van atropellándote con el carrito de la compra les quitaría dos puntos. A los que caminan en línea de cuatro o cinco, ocupando todo el ancho de la acera y lentos como caracoles, tres puntos menos. A los que, cuando la acera se estrecha (por una boca de metro o un quiosco), se detienen precisamente ahí a charlar en grupo, a ésos les quitaría cuatro puntos. Exactamente los mismos que a las personas que, cuando llueve, llevan el paraguas abierto y con las varillas van vaciando los ojos de la gente con la que se cruzan. Cuando el peatón perdiese todos los puntos, se le retiraría el carnet y quedaría confinado en su casa, donde - ahí sí- podría ir arriba y abajo del pasillo en fila de cinco, tanto como quisiese, y pasar las ruedas del carrito de la compra por encima de sus nietos. Odel perro, en ausencia de ellos. De recuperar puntos, ya hablaríamos.

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