Ni los más viejos del lugar recuerdan una situación semejante. En un entorno político que no puede ser más favorable, con Zapatero gobernando y el Grupo Prisa dirigiendo la orquesta, moviendo los hilos desde la tramoya, resulta que Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián andan a la greña y por cuestiones mayores: los números siguen saliendo de sobra, pero el negocio empieza a resentirse, el horizonte se muestra complicado por primera vez en muchos años.
Empecemos por Sogecable, el negocio audiovisual del Grupo Prisa, que lleva meses cayendo en barrena, a pesar de que ayer se tomó un espectacular respiro en Bolsa, con una subida del 3,52%. Resulta que después de haber llegado a cotizar por encima de los 35 euros, el valor deambula ahora en el entorno de los 22/23 euros (ayer cerró a 23,50, tras el subidón relatado).
La OPA parcial lanzada por el propio grupo Prisa sobre el 20% de Sogecable en noviembre de 2005, es decir, hace apenas medio año, lo fue a unos astronómicos 37 euros por acción que hoy parecen inalcanzables. Al presentar la operación que suponía aumentar la participación de Prisa hasta el 40,5% del capital, un arrogante Cebrián aseguraba querer “garantizar que la estructura de capital de Sogecable sea coherente con el esfuerzo que está haciendo Prisa” que, por cierto, desembolsó casi 1.000 millones en efectivo por ese 20%.
La compañía vale hoy 3.138 millones de euros, un 30% menos que a principios de año, un puñal que don Jesús tiene clavado en lo más profundo del corazón, y que ha deteriorado la relación entre el tycoon y su consejero delegado. A la situación ha contribuido decisivamente la aparición de un competidor como Mediapro, de la misma familia política para más INRI, pero extraordinariamente agresivo en la compra de los derechos televisivos de espectáculos deportivos, básicamente el fútbol.
La otra rama de Sogecable, la cadena de televisión en abierto Cuatro, tampoco acaba de despegar. Cebrián provocó el pase de un polanquista nato como Daniel Gavela desde la SER (“la política es una pequeña cosa en nuestra emisora y cualquier radio que quiera vivir de la política le va a ir mal”) a la dirección general de la cadena con la intención de revitalizar el proyecto, pero los resultados no están acompañando.
Mientras que La Sexta, la cadena rival de nueva aparición, ha conseguido antenizar medio país en un tiempo récord, repartiendo los costes del Mundial de fútbol de Alemania precisamente con la televisión de Prisa, a Cuatro la experiencia no parece haberle sacado de pobre. El caso es que en el mundo bancario madrileño, donde Polanco es tratado con un temor reverencial, se comenta ya en voz baja que el endeudamiento del Grupo Prisa empieza a adquirir caracteres preocupantes.
¿Qué hacer? Los maliciosos maquinan que el todopoderoso empresario cántabro no va a encontrar mejor salida que tratar de endosar Digital Plus a Telefónica, el eterno oscuro objeto del deseo de Polanco, socio de Prisa en Sogecable, pero está por ver que César Alierta se deje meter ese gol, por mucha y muy importante que sea la protección que el editor le viene dispensando, antes al contrario, si hubiera que apostar apostaríamos a que Telefónica no se hará nunca con semejante muerto.
El buque insignia del grupo, el diario El País, va bien económicamente hablando, porque el boom de la publicidad en prensa escrita sigue en todo su apogeo, pero el periódico no para de perder circulación, hasta el punto de que la venta en quiosco, el elemento más relevante de la salud de un medio, no para de descender. Datos recientes de la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD), señalan que El País perdió 68.000 ejemplares de venta en quiosco de abril de 2005 a abril de 2006, y la tendencia a la baja parece imparable, por muchas que sean las promociones (que son las que, por cierto, están permitiendo hacer negocio a los editores) que se realicen.
Piedra de escándalo, motivo de fricción permanente entre Polanco y Cebrián ha sido el nombramiento de Javier Moreno como nuevo director del diario, un capricho de Cebrián que el académico tuvo el acierto de vender al editor como una necesidad inaplazable. Ha tardado un par de semanas en darse cuenta del error cometido, circunstancia de la que le han advertido algunos pesos pesados del diario, grandes profesionales de repente marginados por la nueva dirección, gente que está horrorizada con lo que está ocurriendo bajo la dirección de un peso welter como Moreno, un simple mandao para un gallo con los espolones de Cebrián. La contratación de Moreno podría terminar convirtiéndose en el Waterloo de Juan Luis Cebrián.
El grupo Prisa, con todo, tiene margen de sobra para enmendar el rumbo, después de haber obtenido en 2005 los mejores resultados de su historia, con un beneficio neto de 152,8 millones de euros (incremento del 24,8% sobre el año anterior). Polanco, viejo zorro, no quiere, sin embargo, dormirse en los laureles, porque el horizonte se presenta cargado de nubarrones.

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