Más misiles en Corea del Norte, de Hideaki Kaneda en La Vanguardia
La prueba de un misil de largo alcance por parte de Corea del Norte puede haber fallado, pero eso no aliviará el nerviosismo regional. Sólo confirmará lo que ya está sucediendo, una carrera armamentista en la región. El retorno a la prosperidad del Sudeste Asiático generó un despliegue de armas nuevas a nivel regional. La mayoría de los países del Sudeste Asiático se afanan en modernizar sus fuerzas armadas. Y, en un momento en que el refuerzo militar de China causa nerviosismo en todas partes y Corea del Norte se presenta como fuente permanente de inseguridad, muchos gobiernos de la región empiezan a trabajar con potencias extranjeras.
El presidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono, quizás haya sido el más agresivo. Además de adoptar un papel más activo en la diplomacia mundial, Yudhoyono se reunirá este mes en Moscú con el presidente ruso, Vladimir Putin, para discutir la compra de los aviones de combate más modernos de Rusia. Singapur ha optado por comprar aviones de combate a Estados Unidos y el primer ministro de Tailandia, Thaksin Shinawatra, se reunió con Putin a finales del año pasado adquiriendo asimismo aparatos a Rusia, al igual que Malasia y Vietnam. Con excepción de Singapur, parece que los aviones de combate rusos son el arma preferida en la región. El creciente porcentaje de participación de Rusia en el mercado de armas local preocupa a Estados Unidos, el mayor proveedor de armas del mundo y, aún hoy, la mayor potencia militar de Asia. En noviembre Estados Unidos levantó su embargo de seis años a las ventas militares a Indonesia, impuesto en respuesta a los abusos contra los derechos humanos en Timor Oriental. Indonesia manifestó su intención de comprar aviones de transporte C-130 y patrulleras para aplicar "medidas antiterrorismo y antipiratería". Sin embargo, Indonesia también intenta alinearse con la creciente potencia de Asia, China. Indonesia recibe de China tecnología de misiles de corto alcance.
La posibilidad de que los gobiernos del Sudeste Asiático puedan empezar a enfrentar a EE. UU. con China es una de las preocupaciones que más motiva la última revisión de defensa cuatrienal de EE. UU., destinada a "concentrarse en el océano Pacífico" frente a la evidencia del creciente poderío naval de China. Estados Unidos intentará forjar vínculos más estrechos con Indonesia, porque Indonesia linda con los horizontes marítimos de comunicaciones que son claves en la región.
Indonesia se verá involucrada en la lucha crítica entre EE. UU. y China por ejercer influencia en una zona vital, el estrecho de Malaca. Como China debe importar grandes cantidades de petróleo a través del estrecho de Malaca, ese horizonte es elemento central en la estrategia de seguridad del país. China intenta utilizar la ayuda económica y militar como influencia para mejorar las relaciones incluso con países con los que chocó en el pasado, principalmente Vietnam y Filipinas.
India, por su parte, también se suma al refuerzo militar. Ha liderado ejercicios multilaterales conjuntos en la región, como el ejercicio naval conjunto en el mar de las Andamán, en el este del océano Índico, a principios de este año. Participaron nueve países, entre ellos Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia. Tanto India como China intentan ejercer una mayor influencia en Birmania, país de estratégica importancia. Después de que Birmania firmara un acuerdo con China en el 2005 para suministrar gas natural, India respondió reduciendo su propio acuerdo de gas con Birmania. Corea del Sur también se sumó a la pelea. El presidente Roh Moo-hyun visitó Malasia y acordó expandir la cooperación económica mutua, especialmente en el campo de la tecnología de la información, la biotecnología y recursos y energía. Se dice que Roh también discutió la exportación de material de defensa por 2.300 millones de dólares.
En este reñido juego de poder, sólo Japón queda fuera, ya que el país elige, en general, no intervenir y cultivar sus relaciones con Estados Unidos, que ahora le ofrecerá tecnología antimisiles para contrarrestar la amenaza norcoreana. Sin embargo, a pesar de la profunda animosidad histórica por la Segunda Guerra Mundial, hay crecientes llamamientos en la región para que Japón aumente su influencia para contrarrestar a China. En realidad, Japón no está preparado para esto, porque todavía suscribe las limitaciones autoimpuestas en contra de ejercer "alguna influencia en otros países en el área de seguridad y defensa", incluso las exportaciones de armas.
En los años sesenta, mientras atravesaba un periodo de despegue económico, Japón inició un diálogo serio con los actores regionales para forjar relaciones más sólidas con aquellos países que alguna vez había conquistado y ocupado. No es exagerado decir que aquellos esfuerzos, que alentaron el comercio y la inversión en la región, sirvieron de cimiento para el poder nacional de Japón hoy en día. Pero ahora la influencia política y económica de Japón en el Sudeste Asiático está mermando gradualmente, en parte debido a su incapacidad para ejercer influencia en cuestiones de seguridad y defensa.
En un momento de incertidumbre regional sobre Corea del Norte y China - que incluye la perspectiva amenazadora del primer portaaviones chino-, la participación de Japón en el marco de seguridad asiática en constante evolución es fundamental para la estabilidad. Los tiempos en que Japón podía permanecer sin intervenir han terminado.
