El accidente del metro de Valencia no se habría producido en circunstancias ideales. Pero el problema, en estos casos, es determinar las circunstancias ideales. Porque las hay de muchos grados. El grado ideal máximo es que no hubiese metro en Valencia. O, incluso, como quisieran algunos extremistas, que no existiese Valencia. A partir de este máximo hay una varia posibilidad de ideales. El más extendido, en estos días de duelos -luto, pero también explotación política del dolor- es que el metro hubiese dispuesto de otro sistema de seguridad. Y se afirma: si hubiese existido este sistema de seguridad no se habría producido el accidente. ¡Claro que no se habría producido! Vamos a ver alguna analogía, que comparar es conocer. En los accidentes de tráfico que se dan cada minuto hay implicados sistemas de seguridad muy diversos. Es evidente que un gran número de muertos y heridos no se producirían de contar los coches con los máximos sistemas de seguridad, que están al alcance de pocos usuarios. (Por cierto: que el máximo sistema de seguridad, la reducción de la velocidad de fábrica, está técnicamente al alcance de los fabricantes; y no se implanta por razones comerciales, ergo culturales).

Lo mismo cabe decir del trazado y la conservación de las carreteras: distan de ser ideales. La cuestión principal, sin embargo, es saber si los coches o los trenes circulan con arreglo a la ley, que es siempre un compendio de mínimos; y si los hombres conocen esos mínimos. El maquinista de Valencia sabía que la posibilidad de que el tren alcanzara una velocidad prohibida dependía, exclusivamente, de él. Como el conductor sabe que un coche sale de fábrica preparado para incumplir la ley y que incumplirla o no sólo depende de la voluntad humana. ¿Hay, en el caso de Valencia, algún indicio sólido de incumplimiento al margen de la actitud del maquinista? ¿Se produjo algún incidente que no estuviese previsto en el pacto del maquinista con la realidad cotidiana de su trabajo? ¿Algún fallo técnico producto de una revisión incumplida, de una imprudencia de otros o de cualquier factor disociado de su voluntad? No lo parece. Algo se sabe con certeza del momento de la tragedia: que el tren corría al doble de lo permitido y que semejante circunstancia dependía exclusivamente de la voluntad del maquinista. Y se sabe también lo que sucedió al día siguiente, una vez retirados los cadáveres: que los trenes volvieron a circular en manos de maquinistas que saben que el nivel de velocidad depende exclusivamente de ellos. La atribución de las responsabilidades al sistema no es sólo fruto de las manipulaciones políticas. Depende también del habitual y creciente proceso de irresponsabilización individual. Y de la evidencia de que las personas morales del verbo sólo son dos: yo y ellos.

(Coda: «Jo no som jo (Yo no soy yo): manera vulgar de declararse inocente, de decir alguien que no ha cometido aquello que le imputan» (Diccionari català, valencià, balear, Alcover-Moll, volumen VI, pag. 752).

© Mundinteractivos, S.A.