Uno de los retos y déficit pendientes de la moderna sociedad española, y aún en mayor medida de la asturiana, es la creación de una verdadera «sociedad civil» A la par del caso de la designación del puesto de Procurador Xeneral del Principado, me hice esta reflexión general: ¿Qué pasa que cada vez que se nombra a una persona para un puesto se hace conforme a cuotas de poder de los partidos? La primera respuesta parece fácil; son los partidos que no quieren que nada escape a su control. Pero vayamos más allá, ¿no será que no existe una verdadera sociedad civil, de valores sociales, y un cierto grado de resignación en la sociedad asturiana?
Fijémonos cuando se cubren los puestos para un ente público;«X» para el PSOE como fuerza mayoritaria, «Y» para el PP como segunda fuerza, y «Z» para IU, que como es minoritaria, le toca de acuerdo a esta lógica, mucho menos en el reparto, y eso fastidia. Con esto se consigue un cierto grado de equilibrio y proporcionalidad en la toma de decisiones, pero a la vez se barre de un plumazo la independencia de criterios, y se coarta cualquier toma de decisión contra el poder establecido; no se entiende que un vocal designado por PP o PSOE vote contra los criterios del propio partido que le ha colocado. Fijémonos cómo en el Consejo General del Poder Judicial, en la composición del Tribunal Constitucional, en los consejos de administración de medios de comunicación públicos, de antiguas empresas públicas,... hasta en el Ejército. Hay en todo órgano de gobierno una división tajante entre «conservadores» y «progresistas», y las votaciones reflejan siempre el grado de participación en esa entidad del partido que les puso, ya que en este país uno de los principios que sí se encuentran consagrados es el de la disciplina de voto, y éste por encima de cualquier otro valor o principio cívico.
Este sistema de reparto de poder, unido a una férrea disciplina de voto, deriva a que la toma de decisiones parezca siempre partidista para el que pierde la votación, la decisión se encuentra viciada por naturaleza aunque sea la decisión más acertada del mundo. Por otro lado, los partidos políticos buscan el control y la politización de todo tipo de asociaciones civiles, ya sean estas de víctimas del terrorismo o del portal n.º 28.
Lo que deberíamos hacer es intentar la creación de una verdadera sociedad civil, libre e independiente, imbuida de valores sociales y cívicos, y ajena al control de los partidos políticos, que ocuparían los marcos de decisión que les corresponden por derecho y voto. De esta manera, los partidos que ocuparían los marcos de decisión que les corresponden por derecho y voto. A su vez, los partidos utilizan la lógica de la «acción-reacción»: a cada nombramiento «político» que ha hecho mi antecesor, yo respondo con un cese y un nuevo nombramiento, y como tú pusiste a estos, yo en cuanto pueda pongo a estos otros. Es un círculo vicioso de politización, y una verdadera espiral de manipulación, y la sociedad asturiana es mucho más que PP, PSOE e IU; la sociedad asturiana la forman trabajadores, parados, empresarios, mujeres, extranjeros, la tercera edad..., y se puede ser muchas cosas a la vez, y a la vez no ser de nadie.
Debemos crear una verdadera «sociedad civil», en la que desde niños se debe educar a ciudadanos en verdaderos valores y principios, se debe dar participación a todo el mundo en la toma de decisiones, y atajar los verdaderos problemas de la gente. Se debe fomentar la regeneración de un tejido asociativo independiente, y a los poderes públicos se les debe dotar de sistemas de control eficaces e independientes, todo ello en aras de la mayor transparencia posible. La gente debe ocupar los puestos de criterios objetivos, por su valía, y debe desempeñarlos con honradez, independencia y criterio. Sé que todo es utópico, pero a la larga será lo único que salve la sociedad democrática de su propia autodestrucción ya que, si cada vez participa menos gente, si cada vez la gente ve la toma de decisiones como algo ajeno, si cada vez son menos los que votan, habrá llegado el momento en que la sociedad democrática que hoy conocemos habrá desaparecido, y no sé que será lo que vendrá.
Fernando Prendes es abogado.

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