HACE un año existían fundadas dudas sobre la competencia de socialistas y nacionalistas para sostener un gobierno de coalición estable y eficaz. La ausencia de una cultura política unitaria con arraigo en las diferentes fuerzas políticas, las constantes disputas entre el PSdeG y el BNG por el liderazgo de la alternativa o experiencias de coalición fallidas, como la vivida en el Concello de Vigo, eran datos que alimentaban el escepticismo, y, en tal situación, no faltaron agoreros que anunciaron la inviabilidad de un gobierno sometido a contradicciones insalvables.
Evidentemente, tal peligro existía. En efecto, dotar de coherencia a un Gobierno formado por dos fuerzas políticas que, como el PSdeG y el BNG, tienen tradiciones diversas y perfiles políticos diferenciados ha sido siempre una tarea compleja. Sobre todo cuando existen, como es el caso, potentes vasos comunicantes entre amplios sectores de sus respectivos electorados. En semejantes circunstancias, cada partido, además de desarrollar sus funciones de gobierno, tiende a defender sus particulares intereses electorales.
Especialmente el socio menor de la coalición, que, como la experiencia demuestra, es el que corre más riesgos en este tipo de concertaciones políticas. Sin embargo, transcurrido un año desde las elecciones que han consagrado el cambio político que puso fin a dieciséis años de gobiernos conservadores, socialistas y nacionalistas parecen haber emprendido el camino de la cooperación competitiva, conjurando el peligro de una simple cohabitación, que hubiese bloqueado la acción política de la Xunta.
Ambas fuerzas políticas han demostrado madurez al comprender que no podían defraudar las expectativas creadas y, sobre todo, al asumir que no tienen capacidad de maniobra. El Parlamento de Galicia no es el Congreso, donde el PSOE dispone de varias posibilidades para completar su mayoría relativa. Tampoco es el Parlamento de Cataluña, en el que tanto el PSC como ERC pueden configurar con CiU diferentes alternativas de gobierno. En Galicia, nada de esto es posible. Así pues, durante los próximos años, un gobierno progresista sólo será viable a través de la coalición entre PSdeG y BNG, independientemente de la correlación de fuerzas que en cada momento exista entre ambas fuerzas políticas.
Así las cosas, PSdeG y BNG, en vez de intentar crecer uno a costa del otro, parecen haber comprendido que su objetivo consiste en penetrar en la amplia base social que ha apoyado al PP. Algo perfectamente posible, si se considera que el partido conservador, perdido el poder, tendrá serias dificultades para conservar su electorado actual.
Por ese camino, como demuestran todos los estudios demoscópicos, la izquierda está en condiciones de protagonizar un largo ciclo político, que ha de servir para regenerar la democracia, dignificar el país y situar a Galicia en los lugares de vanguardia que hasta ahora le fueron negados. Esperamos impacientes los resultados.

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