La marcha de José Montilla del Ministerio de Industria para convertirse en el candidato del PSC a la Presidencia de la Generalitat, es un motivo de alivio para el sector industrial y la opinión pública española. El ex alcalde de Cornellá de Llobregat llegó al Gobierno de Zapatero para resucitar el Ministerio de Industria, que Aznar había dejado en Ciencia y Tecnología. La problemática de la deslocalización industrial, el desfase español en I+D, la pérdida de competitividad en algunos mercados y, sobre todo, la crisis energética derivada de la subida del precio del petróleo y su influencia en otros 'input' energéticos (carbón, gas natural), hacían aconsejable la recuperación de la figura del ministro de Industria. Pero Montilla tomó posesión del cargo para dedicarse a otra cosa, ya que la falta de un mínimo de conocimiento en las materias que le concernían le animó a concentrarse en lo que es un especialista: la política catalana. Montilla ha sido el ministro del 'Estatut', así que confundió el déficit de tarifa con el déficit de competencias.
Quizás el mayor despropósito de su mandato haya sido impulsar la elaboración del 'Libro Blanco', en el que se asume como tesis oficial del Gobierno la necesidad de restar poder de mercado a los grandes operadores eléctricos, y cuarenta días más tarde avalar la OPA de Gas Natural sobre Endesa, que viene a consagrar la constitución de un duopolio en el mercado energético español. En caso de contradicción entre los intereses del mercado y los intereses de La Caixa, Montilla sabe orientarse. Otra hazaña de su corta gestión fue el crecimiento espectacular del déficit de tarifa eléctrica, con el que las empresas eléctricas estuvieron haciendo el agosto, al vender como costes estructurales de generación la utilización del agua o el uranio, al mismo precio que las centrales térmicas que utilizan carbón o gas.
Montilla es la cuota catalana en el Gobierno de Zapatero, como Piqué y su continuadora, Ana Birulés, lo fueron en el Gobierno de Aznar. Parece que hay una norma no escrita según la cual los intereses de la tecnología y la industria española tienen que estar gestionadas por catalanes. Si Javier Fernández fuese catalán, Montilla nunca habría salido de Cornellá.

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