El Musel, un "puerto sucio" que sólo se explica con una "política sucia", del Editorial en El Comentario
Magnífico artículo el que publica hoy sobre el puerto de El Musel, en La Nueva España, el presidente de la Asociación Española de la Marina Civil, José Antonio Madiedo, en el que defiende lo obvio, y por lo que parece increíble que haya que seguir peleando a estas alturas. Pues no, no es mentira aunque lo parezca: las enormes inversiones que se están ejecutando en aquel puerto para su ampliación, sin duda la mayor obra pública de la historia de Asturias, carece literalmente de otro proyecto de uso que no sea seguir ampliando la actividad como terminal de descarga de graneles sólidos
La descarga de carbón, mineral de hierro y cemento, se viene realizando con la impresionante dejadez, que históricamente caracteriza esas actividades por parte de los gestores de un puerto que carece de las infraestructuras necesarias, como para que esa dinámica granelera, sin duda imprescindible para la continuidad de industrias muy importantes para Asturias, pueda ser compatible con otras actividades “limpias”, sin las cuales, la vida económica asturiana seguirá profundamente tocada. Porque de esto es de lo que hay que hablar. La actividad de Arcelor, el aprovisionamiento de las térmicas asturianas y la vida económica del sector cementero, no tienen en sí mismas ninguna incompatibilidad con el tráfico de contenedores, pasajeros y otras mercancías, que la que se deriva de la dejadez de los responsables técnicos y políticos del puerto, que sin duda viene siendo importante a lo largo de los años, hasta tal punto que cualquiera puede comprobar la “suciedad” que lo invade, dándose un simple paseo por él, para contemplar el barrizal que se acumula por doquiera.
Cuenta José Antonio Madiedo en su artículo, que “hace unos días se firmaba un legítimo acuerdo entre el puerto de La Coruña y la Junta de Castilla y León, para que los productos ligados a esa comunidad viajasen hacia y desde el norte de Europa a través del mencionado puerto gallego. Habrá que felicitar a nuestros vecinos por el éxito”. Y esto es así, a pesar de la posición excéntrica de Coruña, con relación a Gijón, si se analizan las distancias con normalidad. Que La Coruña está más lejos es un hecho. ¿Qué ocurre entonces? Pues miren ustedes, la cosa es bastante simple, y basta con que uno se empeñe en averiguarlo. Si en un puerto se amontona el carbón en grandes montañas, cuando sopla el viento, el polvo de carbón, o de mineral de hierro, se levanta en grandes nubes, depositándose sobre todo lo que hay alrededor. Si se captasen tráficos de coches procedentes de Valladolid –como se habló en su momento-, a la primera ventolera nos encontraríamos con que esos coches, tendrían una capa de mineral en polvo mezclada con el acabado de parafina que se le da a la carrocería, antes de su limpieza definitiva, para llevarlos a la entrega en los puntos de venta. Con semejante problema a la vista, es evidente que nadie que transporte coches, querrá utilizar bajo ningún concepto un puerto que se ve sometido regularmente a tormentas parecidas al simún, pero que en vez de arena, llevan hierro.
El problema que hay para el movimiento de vehículos, no parece muy diferente a lo que sucede con los contenedores, aunque parece ser que tiene sus especifidades. El caso es que, tal y como aclara Madiedo en su artículo, “durante el último quinquenio El Musel ha registrado una caída del 73 por ciento en el tráfico de contenedores; es decir, justamente lo contrario de lo que ha ocurrido a nivel mundial, europeo y nacional, que han tenido un crecimiento sin precedentes. Un dato tan significativo como éste demanda, como mínimo, una seria revisión del modelo de explotación del puerto”. Preguntando por los detalles sobre estos problemas, analizándolos, resulta que El Musel no sólo es un prodigio de suciedad, sino que carece de infraestructuras adecuadas para el movimiento de contenedores, como es el caso, por ejemplo, de los sistemas de almacenamiento. Por poner un ejemplo: una parte de importancia creciente en estos tráficos, es la que corresponde a la alimentación, que exige instalaciones de frío, algo que en el puerto gijonés no existe, a pesar de la evidente importancia de ese sector.
Es evidente que la falta de infraestructuras se suple a base de inversiones, y aquí las inversiones se canalizan sólo hacia la construcción de gigantescas explanadas, que sólo parecen servir para la creación de más superficie adecuada para el almacenamiento de graneles, pues nadie habla de resolver los problemas de los contenedores, ¿o han vista algún análisis que aborde este problema en la prensa asturiana? Al parecer, la única manera de controlar la suciedad de los graneles, es a base de crear instalaciones específicas y adecuadas para que esos grandes depósitos no estén a merced del viento. Sin embargo, todo parece indicar que la importación de carbones –la más incontrolable por su enorme volumen- para abastecer las térmicas que tienen los contratos con el empresario leonés Victorino Alonso, va a ir en aumento, y por lo tanto, las ya gigantescas montañas de carbón, van a seguir creciendo hasta límites de locura. Pero el aspecto que más destaca del excelente –e insólito en esta tierra de mudos- artículo de Madiedo que publica hoy La Nueva España es, cómo el gran proyecto estrella del gobierno asturiano, la construcción de la regasificadora, viene a unirse a la tradicional actividad granelera, como un nuevo y poderoso freno para la diversificación del puerto, y para sus enormes posibilidades de contribuir de una manera positiva al desarrollo asturiano. Vean este párrafo, que a nuestro entender, es definitivo:
“A juzgar por las noticias que saltan a los medios, El Musel se pretende como un mosaico multiusos sembrado de plantas industriales y terminales de variopinto pelaje, que a poco que se examinen pueden desvelarse como incompatibles. Tal es así, que se propone la construcción de una regasificadora, es decir, una planta receptora de gas licuado a muy bajas temperaturas, que se almacenará y una vez «regasificado» se inyectará a la red distribuidora a 0º C. Dicha planta, como ya es sabido, no está exenta de riesgos. Así lo confirma el caso de Skida, en Argelia, que tras una explosión registrada el 19 de febrero de 2004 dejó 19 muertos y 56 heridos. Habrá pues que exponer con claridad las garantías que se ofrecen para evitar esos riesgos”. Resumiendo, que las autoridades optan por especializar el gran puerto de Asturias en el tráfico de mercancías “sucias”, peligrosas y de bajo valor añadido para su “hinterland”, es decir, todo lo contrario de lo recomendable para un gobierno democrático, al favorecerse descaradamente algunos negocios que proporcionan astronómicos beneficios a ciertas oligarquías, en detrimento de la calidad de vida y el desarrollo que benefician a la mayoría. Hablando en plata: “un puerto sucio para una política sucia, que sólo se explica con la desviación inadecuada de parte de estos beneficios”.
