Hace unos días los prestigiosos dirigentes ugetistas Cándido Méndez y Pepe Alvarez han hablado alto y claro en torno a un asunto de tanta relevancia como es la «cuestión nuclear». Ambas personalidades han dejado sentado que la energía nuclear sigue siendo fundamental en España y que, además, debe resolverse la interconexión con Francia. Comparto el planteamiento y señalo que no es moneda corriente que, en la escena pública, se digan estas cosas de una manera tan diáfana, contundente y sin pelos en la lengua.Porque, en efecto, la costumbre al uso es la ambigüedad y la palabra omitida. Así pues, me quito el sombrero.
Méndez y Alvarez tienen razón sobrada porque las energías alternativas siguen teniendo, por desgracia, un peso muy raquítico y porque nuestro país no puede seguir siendo una «isla energética».Lo peor del asunto es que, de no remediarse, es fundada la hipótesis de que podemos seguir así durante unos veinte años. De modo que, ante esa realidad, no caben las medias tintas ni la hipocresía de encogerse de hombros o tener miedo al qué dirán determinados grupos sociales que utilizan otra lógica. Los sindicalistas parecen afirmar que, hoy por hoy, las energías renovables no son la alternativa excluyente a la nuclear; la novedad es, como ya se ha comentado, la claridad y rotundidad, el abandono del disimulo. En ese sentido no hacen más que seguir las mejores prácticas del sindicalismo confederal que, día sí y otro también, acostumbran a definirse sin tapujos; José María Fidalgo es otro ejemplo representativo hablando sin ambigüedades. Ahora bien, las declaraciones de Méndez y Alvarez me provocan dos reflexiones paralelas: de un lado, la relación entre los sindicatos y el conjunto de los movimientos sociales; y, de otro lado, la «cuestión nuclear» propiamente dicha. Y, también en ese sentido, mi consenso con estas amistades es amplio.
Me refiero a lo siguiente. 1. la independencia de criterio en la fijación del proyecto sindical no sólo debe serlo frente a los poderes públicos, los partidos y las organizaciones empresariales; también con relación al de los movimientos sociales. Naturalmente, esto vale a su vez para estos grupos, cuyas señas de identidad no pueden hipotecarse en su relación con las organizaciones sindicales.Así las cosas, en la amplia constelación de las más diversas organizaciones, cada cual es como decide ser y, desde dicha personalidad, establece las relaciones y los puntos de confluencia con los demás, sin ningún tipo de subalternidades. 2. UGT, por otra parte, abre la espita para provocar un debate general sobre la cuestión energética. Comoquiera que lo ha hecho sin titubeos, es presumible que el resto de los sujetos políticos y sociales sigan ese camino de hablar sin la tartamudez del que se prepara a dar gato por liebre o desesperadamente busca una sintaxis retorcida con la esperada intención de que no le entienda el público. En resumidas cuentas, Cándido y Pepe Alvarez han puesto las cosas harto difícil a quienes se quieran escapar por la tangente. Naturalmente, tal vez podrían querer indicar al futuro Gobierno de Cataluña que aclare su posición para que nadie se llame a engaño. O lo que es lo mismo: ¿qué dirán ustedes ante la cuestión nuclear? ¿están de acuerdo con la interconexión o seguimos en el limbo de nuestra entrañable y querida ínsula? Por favor, no divaguen y entren al trapo. A las economías domésticas y al mundo de las empresas no se les puede ir con rodeos.
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