Aunque a algunos políticos les cueste admitirlo, el debate estatutario de los tres últimos años ha difuminado bastante las diferencias entre la mayoría de las fuerzas políticas catalanas. Con la excepción del PP, hasta el pasado mes de febrero la aplastante mayoría del arco parlamentario catalán tenía un programa común delineado en torno a la conquista de más competencias y un sistema de financiación que dejara más dinero en casa. Ese proceso ha concluido ya con el referéndum y el balance definitivo de su bondad debe esperar el juicio del paso del tiempo. Ahora tocan a rebato para volver a las urnas.
Desde el punto de vista económico, las próximas elecciones catalanas deberían ser diferentes. Los últimos tres años han cubierto un ciclo completo que comenzó con las expectativas despertadas por el nuevo expermiento del tripartito y la reforma estatutaria y se han cerrado dejando muchas ilusiones por el camino y una cierta sensación, más o menos fundada, de tiempo perdido.
¿Serán estas unas elecciones en las que la economía vuelva a estar en el centro de la discusión política? Las primeras señales indican que las fuerzas vivas de la economía van a intentar que así sea. Fomento dará un primer avance sobre sus expectativas mañana mismo. La Cambra de Barcelona ya ha anunciado que enviará cuestionarios a los partidos políticos para conocer sus opiniones sobre los temas más concretos, desde la enseñanaza del inglés a los proyectos de infraestrucutras. Los sindicatos, CC. OO. y UGT, también han avanzado que pedirán tomas de posición concretas sobre temas específicos.
Pero a la vista de que los indicadores básicos de la economía ofrecen buenas referencias también es lógico pensar que las preocupaciones preventivas de empresarios y sindicalistas no lleguen a galvanizar ni a los partidos ni a la opinión pública. Hecho que por si solo revela que a pesar de las turbulencias, la política económica en Madrid y en Barcelona se ha comportado correctamente.
Ante la próxima campaña electoral especular sobre el baile de alianzas políticas y parlamentarias parece ahora más seductor que los áridos debates sobre el futuro del producto interior bruto.
Pero también sería deseable que en la campaña las fuerzas políticas reconocieran que las cosas no van a seguir siempre igual y que hay que empezar a poner nombre y propuestas de solución a los problemas: el futuro del crecimiento; la defensa del medio ambiente junto con el desarrollo de la economía industrial y la mejora de las infraestructuras; los efectos de un aumento del desempleo sobre la integración de los inmigrantes; el coste de la vivienda; la formación de los jóvenes...

Escribe un comentario