Belén Fernández, por el libro, de Vicente Montes en La Nueva España
Belén Fernández apuntaba maneras y ya se las vio María Luis Carcedo, ahora diputada del PSOE en el Congreso y hace quince años consejera de Medio Ambiente y Urbanismo en el gabinete de Rodríguez-Vigil. Confió en aquella funcionaria, licenciada en Derecho, constante y precisa, y la nombró jefa de servicio del área de Urbanismo. Desde entonces, Belén Fernández ha andado un largo camino, siempre sin atropellos, tratando de ser ella la que marque sus propios ritmos y plazos. La funcionaria tenaz es hoy viceconsejera de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio del Gobierno de Areces. Y aunque no está afiliada al PSOE, los socialistas quieren que sea la próxima candidata en Avilés, en sustitución del Alcalde, Santiago Rodríguez Vega.
Medida pero categórica, precisa pero cercana, casada y con un hijo, vive en la parroquia de Miranda, donde ha permanecido ajena a las pugnas de los socialistas avilesinos, a polémicas locales y batallas políticas: más que nada porque es mujer que gusta de cada cosa en su sitio y centrar su interés exclusivamente en aquello que le compete en cada momento. A lo largo de estos quince años desde aquel primer puesto de confianza en un Gobierno socialista -Belén Fernández ingresó en el cuerpo de funcionarios autonómicos en 1989-, el PSOE ha depositado cada vez más confianza en ella. Cuando en 1999 Francisco González Buendía llegó a la Dirección General de Urbanismo, también vio en ella aquellas maneras que advirtió Carcedo: capacidad de trabajo, seriedad, rigor y discreción. Belén Fernández es ajena a estridencias, con una apariencia tan pulcra como la de aquellos informes jurídicos por los que no ahorraba horas hasta que la argumentación quedase precisa. Así, Buendía la propuso como jefa de servicio de la secretaría de la CUOTA, el máximo órgano jurídico de la Administración autonómica en el ámbito urbanístico. En privado, González Buendía no escatimaba elogios.
Aquel salto fue significativo en la trayectoria de Belén Fernández, pero también muy de su gusto, en relativa discreción, entregada al trabajo, ajena a las peleas políticas diarias, a las declaraciones y a las estrategias de partido. Álvaro Álvarez, secretario general del PSOE de Avilés y diputado regional, entabló buena relación con ella en las conversaciones a las que le obligaba su posición como portavoz de Ordenación del Territorio del Grupo Socialista en la Junta General.
En esa primera legislatura de Álvarez Areces, Buendía fue el artífice de un esquema político que cobró especial relevancia en la segunda, ya con el Gobierno de coalición constituido en el año 2003: el diseño territorial de Asturias. Areces sustentó en él buena parte de su discurso de investidura y se apoyó en Buendía -a quien había llevado al Gobierno regional desde su círculo de confianza en el Ayuntamiento de Gijón- para cargar con el peso de una Consejería en la que se unificasen Infraestructuras y Medio Ambiente, siempre bajo la perspectiva de la ordenación territorial. Y Buendía volvió a pensar en Belén Fernández para número dos de su Consejería, al frente de Medio Ambiente y Ordenación Territorial, haciéndose blanco de críticas por quienes rechazaban la unificación.
Dicen que ésa fue una de las decisiones más meditadas por la hoy viceconsejera, que no teme a lo nuevo pero que no da un paso en falso. «Soy una persona que piensa mucho las cosas antes de tomar decisiones, pero me pareció una oportunidad de comprometerme con la sociedad y de poner mi ilusión y mi capacidad de trabajo a su servicio», dijo a LA NUEVA ESPAÑA en agosto de 2003 en la que fue su primera entrevista con un medio de comunicación. Era un salto a la primera línea política que inicialmente se quedó en medio salto, porque Belén Fernández ha sabido mantenerse en un segundo plano dejando a Buendía la línea de fuego.
Bien es verdad que en los últimos meses la viceconsejera ha ido soltándose de la mano. «No es cierto que represente un perfil exclusivamente técnico, porque ser viceconsejera es un cargo político», afirman fuentes socialistas. El PSOE de Avilés ha visto en ella un rostro nuevo, un demostrado conocimiento de la legislación urbanística -muy acorde con los retos que los socialistas señalan para los próximos años- y alguien valorada por los diferentes sectores del PSOE: tanto locales como regionales.
En su gestión, Belén Fernández ha tenido que lidiar con desigual éxito con asuntos como los problemas del lobo en el Oriente, las denuncias urbanísticas del PP en el Occidente y las persistentes cuentas del diputado popular Ramón García Cañal con la inversión en saneamiento. Apenas ha comparecido en la Junta General, pero su área es una de las que con más diligencia facilita los informes que reclama la oposición. Ahora, tras las gafas, bajo la chaqueta en los hombros y firme con el bolso de Carolina Herrera, Belén Fernández se enfrenta a otro paso importante. Aunque internamente en el PSOE se da por hecho su nombramiento como candidata en Avilés, ella no deja que nada apure su ritmo, su tenacidad en el camino, su paso a paso. Y que las cosas vayan, hasta en esto, como le gustan: por el libro.
