El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha propinado al presidente George Bush el mayor varapalo de su carrera presidencial. Así han valorado todos los diarios norteamericanos de referencia la sentencia que ha declarado ilegales los tribunales de excepción que han permitido la existencia de la prisión de Guantánamo. Todos excepto, como era de esperar, THE WALL STREET JOURNAL, un diario que nunca puso reparos a los poderes excepcionales de los que el jefe de Estado norteamericano se dotó tras los atentados del 11 de septiembre del 2001, y cuyos comentaristas, todavía acusando el golpe, insistían ayer en que la sentencia no ciega todos los caminos que permitirían volver a ese tipo de prácticas.
THE NEW YORK TIMES ha sido particularmente solemne: "La sentencia es una importante y bienvenida confirmación de que, incluso en tiempos de guerra, la ley es lo que dicen la Constitución, los códigos legales y la Convención de Ginebra, y no lo que quiere el presidente. ... El Gobierno de Bush puede acudir al Congreso y pedirle que apruebe una ley especial que le permitiría crear un sistema de justicia específico para los detenidos en Guantánamo. Pero ese sería un asunto para mañana. El mensaje de hoy es que el Ejecutivo no puede seguir insistiendo en que, debido a que hay una guerra contra el terror, no necesita aplicar los procedimientos establecidos que le obligan a someterse a la supervisión de otros poderes. ... El actual Tribunal Supremo, de orientación conservadora, no es contrario al poder presidencial. Pero ha mostrado ser un admirable protector de la libertad individual y de la ley. En lugar de mantener su política contra viento y marea, el presidente Bush debería hallar la manera de continuar la guerra contra el terror dentro de la ley".
"Los efectos beneficiosos que la sentencia ha tenido para una gobernación democrática del país --decía THE WASHINGTON POST-- se observaron el miércoles mismo, cuando Bush declaró: 'Nuestro pueblo quiere ahora ver cómo podemos trabajar de acuerdo con el Congreso para solventar el problema, en el caso de que ello sea factible'. Eso es lo que debería haber ocurrido hace casi cinco años".
Peter Baker y Michael Abramovitz han añadido sus consideraciones en el Post: "Durante cinco años, el presidente ha gestionado la guerra a su conveniencia. Si los servicios secretos necesitaban intervenir un teléfono extranjero sin garantías legales, él lo autorizaba. Si los militares querían retener a sospechosos de terrorismo sin proceso, él lo permitía. Ahora el Supremo ha golpeado el centro neu- rálgico de su presidencia rechazando la idea de que el presidente puede decidir por sí solo cómo hay que defender el país. ... La decisión no es solo un acto jurídico, sino también un varapalo a la filosofía del Gobierno de un líder que ha actuado según el principio de que es mejor hacer que pedir permiso".
Por su parte, el FINANCIAL TIMES ha ensalzado el servicio que la sentencia ha hecho a la imagen exterior de EEUU: "El Tribunal Supremo ha recordado al mundo que Norteamérica sigue siendo una nación en la que manda la ley. .. La trascendencia de la sentencia no debe ser infravalorada en un momento en que EEUU está perdiendo terreno a la hora de ganarse el corazón y las mentes de los musulmanes y de los demás".

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