Un maestro sosteniendo una copia de la Venus de Milo preguntaba a sus alumnos: «¿Qué creen que pretendían los griegos con esta estatua? ¿Acaso intentaban hacernos estremecer de lujuria?». Daba reglazos sobre la mesa y después bajaba la voz y decía solemne: «Se preguntaban lo que era la belleza y si ésta se halla en la proporción». Los griegos llevaron la proporción, el equilibrio, la ética, la armonía al arte y a la política. El mismo maestro, que era marxista y conocía la dialéctica, para explicar que todo fluye, que pese a la armonía, no hay nada constante fuera del cambio, que la mudanza es lo único estable, llevaba a sus pupilos al río de excursión y les explicaba la perogrullada de Heráclito, eso de que nadie se puede bañar dos veces en el mismo río. Si aún no lo tenían claro los escolares, les convencía de que la vida, la estética, el universo se encuentran en movimiento y sólo los dogmáticos españoles, con su terquedad y orgullo, como si hubieran estado alimentados con testículos de toro, permanecen con las manos en la garrota, como vemos en los dibujos de Goya o de Mingote, metidos hasta las rodillas en el cieno, rodeados de piedras para matarse, detestándose por envidia, por afán de poder, por odio.

Mariano Rajoy acusó al presidente del Gobierno de haber liquidado las reglas de juego por primera vez desde 1978 y de demoler la España constitucional sin consenso. Zapatero, en su solemne declaración de ayer, proclamó que se inician las negociaciones con ETA sin derogar la Ley de Partidos y sin menear la Constitución del 78. Ante el diálogo con ETA el PP describe al PSOE como el partido de la traición, del relativismo moral, que le lleva a pactar con asesinos, sacrificándolo todo a la aritmética electoral, utilizando la demagogia y el oportunismo para romper el consenso constitucional. El PSOE, que quiere envolverse en la bandera blanca para ganar las elecciones, achaca al PP de pulsiones inmovilistas, de encasillamiento, de bunkerización.

Si así fuera, estaríamos gobernados por unos rufianes y tendríamos una oposición de trogloditas. No niego que hay escondidos en las siglas gente desalmada, pero los hay también tan simples que se les puede tangar comprándoles un bugata usado.

Tal vez Rajoy, que es un hombre de principios, no entiende que, efectivamente, hay principios en la política, pero son cambiantes. La vida nos sorprende cada mañana con fenómenos nuevos; la realidad está en constante movimiento; una afirmación puede ser verdadera, justa, pero carece de sentido en determinadas circunstancias porque se queda desierta. La política y las leyes envejecen rápidamente, como envejecen los sombreros y los paraguas; no hay nada tan inútil como un paraguas viejo. El Estado es un artefacto asiático, un palacio guardado por leones, pero la política es dialéctica, cambiante.

La Historia de España es una sucesión de matanzas y si no, vaya mirando el nombre de las calles; observará que los asesinos suceden a los santos.

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