EL presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, comunicó ayer a la sociedad española que se daban las condiciones para iniciar el diálogo con ETA y que el tiempo transcurrido desde el anuncio de alto el fuego permanente, decretado por la banda el pasado 23 de marzo, permitía pensar que el final de la violencia podía ser posible. Con solemnidad pero con un cierto aire de improvisación en la liturgia de un acto tan importante, Zapatero tomó ayer una decisión que, en función de su evolución, va a acabar marcando su presidencia y quién sabe incluso si alguna cosa más. Es cierto que antes tanto González como Aznar intentaron alcanzar la paz, pero nunca un presidente del Gobierno inició un sendero tan complejo con tanta oposición política y mediática. O mediática y política. Éste es el cuadro en esta hora grave pero esperanzadora para la sociedad española. La comunicación del presidente del Gobierno elimina cualquier atisbo de duda sobre si el Ejecutivo va a pagar precio político y sitúa en la Constitución y el Estatuto de Gernika el marco para profundizar en nuevas cotas de autogobierno. El respeto a las decisiones que adopten los vascos queda encuadrado así en este perímetro político por más lecturas sesgadas que se quieran hacer. Y no tengo dudas de que la sociedad española va a entender, comprender y apoyar el paso dado ayer por Zapatero.
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