ZAPATERO ha anunciado que el Gobierno va a iniciar la negociación con ETA. Al final, el presidente ha optado por hacer una comunicación directa a la opinión pública, sin acudir al Parlamento, como había dicho, para evitar un debate con el principal partido de oposición. El anuncio se realiza veinticuatro horas antes de que expirara el plazo fijado por la izquierda abertzale, que fue dado a conocer el pasado siete de junio a través del periódico 'Gara'. Hechas estas precisiones sobre la forma de la intervención de Zapatero, vamos con el fondo.
En la comunicación del presidente del Gobierno hay el establecimiento de una serie de garantías, como la afirmación de no pagar ningún precio político por la paz y la vigencia de la ley de partidos. A estas cautelas se añaden unas repetidas menciones a las víctimas del terrorismo que denotan la preocupación del Gobierno por que la negociación con ETA quede deslegitimada por las denuncias de ese movimiento social.
El presidente no se ha quedado en el simple enunciado de garantías sobre el diálogo con ETA y de respetuosas menciones a las víctimas, sino que ha ido mucho más allá, hasta dibujar los contornos borrosos del futuro institucional del País Vasco (Euskadi, en su jerga).
Zapatero no va hablar de política con ETA, pero aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid y en el mismo comunicado en el que anuncia el inicio de la negociación con la banda terrorista asegura que el Gobierno respetará todas las decisiones que tomen los ciudadanos vascos, si lo hacen con respeto a los métodos democráticos. Como previamente ya había recordado que el Estatuto de Gernika no había acabado con el terror, Zapatero nos sugiere un pacto más ambicioso, que en ningún momento se atreve a llamar estatuto de autonomía. Está claro que Zapatero tiene en mente para el País Vasco algo distinto a un estatuto, aunque no lo diga. El llamado 'Plan Ibarretxe' no era un estatuto, aunque tampoco significaba la formación de un estado independiente. El 'Plan Zapatero' tiene forzosamente muchas concomitancias con el 'Plan Ibarretxe'. Para empezar, ambos programas parten de una premisa: el ámbito vasco de decisión. Por eso no tiene sentido que ZP evoque su antigua fórmula de «si vivimos juntos, decidimos juntos».

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