En 1995 los europeos eran bastante más ricos que los españoles por dos razones: trabajaban en mayor número y lo hacían de forma más eficiente. Esto les permitía ser más ricos incluso aunque en promedio trabajaran menos horas. Hoy día los europeos continúan siendo más ricos que los españoles, pero las diferencias se han reducido de forma sustancial. El motivo fundamental es que el número de españoles que trabaja ha aumentado mucho. Esto ha compensado el hecho de que hayan aumentado las diferencias en la productividad del trabajo. La de los europeos ha aumentado, mientras que la de los españoles incluso ha descendido.
En los últimos años la economía española ha crecido más que las de los países europeos. Entre 1995 y 2004, el PIB per cápita creció a una tasa anual del 3,08% (1,90% en la UE- 15). Este es un dato muy satisfactorio, pero oculta algunos problemas de fondo que vale la pena desenmascarar. Una vez nos preguntemos por las causas de este crecimiento diferencial entre España y los países europeos no tendremos más remedio que dudar seriamente de que vaya a poder mantenerse. El crecimiento del PIB per cápita se debe a tres causas: 1) más personas ocupadas; 2) más horas trabajadas por ocupado; y 3) más producción por hora trabajada, es decir, mayor productividad del trabajo. En el caso español, el crecimiento se ha debido fundamentalmente al elevado ritmo de creación de empleo. Así, en España la proporción de personas que tenía trabajo pasó de ser el 31,3% en 1995 al 42,2% en el 2004 (40,4% y 43,6% en la UE-15). Los datos también nos dicen que los trabajadores españoles trabajan en promedio más horas que los europeos, aunque ambos colectivos han disminuido el número de horas trabajadas entre 1995 y 2004. En cuanto a la productividad, mientras en Europa ha aumentado entre 1995 y 2004 a un ritmo del 1,47% anual, en España ha disminuido al 0,17% anual. En resumen, en España se ha creado mucho más empleo que en Europa, pero la productividad del trabajo ha descendido. El primer aspecto contribuye a la convergencia con Europa, pero el segundo frena el progreso hacia esa meta. De momento el primer efecto es más importante que el segundo y por ello podemos hablar de buenas noticias para la economía española.
¿Qué valoración merecen estas consideraciones? La economía española ha soportado desde mediados de los años 80 tasas de paro estratosféricas y, por tanto, que durante un periodo relativamente largo se hayan creado empleos de manera sostenida es una buena noticia. La proporción de la población que tiene un empleo ya es parecida a la europea y, por tanto, pronto se llegará al límite de la capacidad de crecimiento en este sentido. Además, la consideración sobre la calidad de los empleos que se han generado suscita serias dudas sobre el futuro económico. En gran parte se trata de empleos precarios, en sectores de baja productividad y que en muchos casos han sido ocupados por trabajadores inmigrantes con baja cualificación. De ahí que el crecimiento de la productividad haya sido negativo, caso único en Europa.
La solución a este problema, que constituye el gran reto de la política económica en España, pasa por la puesta en marcha de medidas que permitan elevar los niveles de productividad del trabajo sin que, a la vez, se destruya empleo. La economía española debe experimentar un gran cambio de especialización productiva, para que las empresas empiecen a ser competitivas en sectores de alto valor añadido. ¿Cómo puede contribuir la política económica a conseguir este objetivo? Las dos vías para conseguirlo serían promover una mayor cualificación profesional e incentivar la inversión de las empresas, especialmente en actividades innovadoras. No hay fórmulas mágicas para conseguir incrementos de la productividad a corto plazo. Las medidas de política que pueden contribuir a la consecución de este objetivo difícilmente pueden dar resultados positivos en poco tiempo y, por tanto, tienen una baja consideración en el orden de prioridades de los responsables de la política económica.
En conclusión, los españoles han conseguido hacer progresos notables en los últimos tiempos y se han acercado a los niveles de renta de los europeos, sobre todo gracias al hecho de que hoy se trabaja más en España. Pero a corto y medio plazo no es probable que este acercamiento se mantenga, a no ser que en España se aprenda a trabajar de forma más productiva.

Escribe un comentario