Areces ha inventado con la «Asturias multipolar» la versión autóctona de la España plural deZapatero. Todos estos inventos semánticos de los jefes de la tribu, que no dan puntada sin hilo, nos llevan, sin embargo, a un ovillo de intenciones demasiado previsibles, porque si algo tienen los políticos de nuestro tiempo es que se les ve en seguida venir.

La Asturias multipolar de Areces salió a colación en Avilés para justificar que la tercera ciudad no cuente después de años de frustraciones con un campus universitario. La tesis multipolar es que esta «multipolarización» -¿o habría que escribir multipolaridad?- nos permite a los asturianos disfrutar del todo partiendo de la nada y, lo que es importante, a muy pocos kilómetros de distancia. De manera que uno de Mieres podría hacer uso del centro de servicios universitarios de Avilés y uno de Avilés igualmente del campus de Mieres. Los localismos son un atraso teniendo en cuenta que nos movemos en una sociedad globalizada, pero los políticos oportunistas sólo invocan la globalización cuando les viene bien, el resto de los días son más del campo que José Bové.

El caso es que Avilés ha estrenado, un año después de entregada la obra, un edificio de servicios universitarios en una Asturias multipolar. Pero en ello se diluye la posibilidad de contar algún día con campus propio. La Universidad de Oviedo, dispersa, ha optado por replegarse y yo no creo que eso sea malo, pero para esta ciudad Mieres supone a estas alturas un agravio comparativo, por mucho que los políticos insistan en los múltiples polos asturianos.

El edificio de la calle de La Ferrería está bien, pero habrá que sacarle algún partido, además de los cursos de verano y unas salas de estudio, para que no parezca una simple coartada. De momento, los alumnos de la Universidad tendrán que seguir desplazándose a Oviedo para matricularse.

Y conste que como mensaje globalizador, si es que se puede hablar tan ligeramente de globalización, es mucho mejor el de «Asturias ye mundial». Opá.