LA elección de Jesús Iglesias como candidato de IU a la Presidencia del Principado pudiera verse como una opción normal, si tenemos en cuenta que es el coordinador general de IU. Al ser el máximo responsable interno de su formación lo promueven para la principal responsabilidad institucional. Esta forma de proceder no se corresponde con ninguna norma reglamentaria, pero es una costumbre bastante generalizada. Sin embargo, los socialistas, en Asturias, siempre han escapado a esta consideración, ya que en veinticinco años de etapa autonómica los candidatos a la Presidencia del Principado (Pedro de Silva, Juan Luis Rodríguez Vigil, Antonio Trevín y Álvarez Areces) nunca han sido los líderes del partido.

En la presente ocasión, la opción de Jesús Iglesias tiene un cierto carácter sorprendente, ya que no entraba dentro de lo previsible. El coordinador de IU es un político bastante desconocido para el electorado, ya que su proyección pública se circunscribe sobre todo a Gijón, donde fue concejal durante varios mandatos. El precedente electoral de Jesús Iglesias a escala regional fueron las últimas elecciones generales, en las que encabezó la candidatura de IU, y por primera vez en la democracia los comunistas se quedaron sin diputado en Asturias. Con gran diferencia, el dirigente de IU más conocido por los asturianos es Javier García Valledor. Además, Valledor tiene una gran imagen entre la opinión pública, porque es el miembro más activo del Gobierno de Álvarez Areces, donde casi actúa como un vicepresidente. No estoy prejuzgando cuál de los dos dirigentes, Iglesias y Valledor, es más idóneo para el cargo de presidente del Principado, simplemente me atengo al reconocimiento que tienen entre el electorado, una variable fundamental a la hora de designar al cabeza de candidatura.

Con estos precedentes, me inclino a pensar que la candidatura de Jesús Iglesias es reflejo de un juego de tensiones interno. Es bueno rescatar una imagen del pasado en la que se ve a Jesús Iglesias ejerciendo de portavoz gijonés de IU con el sostén de Jesús Montes Estrada, el dirigente histórico de IU que goza de más predicamento en el interior de la coalición de izquierdas. Ese recuerdo puede explicar el presente.