Dos recados del nacionalismo vasco. Uno, del que gobierna, a través de Xavier Arzalluz, ex presidente del PNV. Y otro del que acojona, a través de un documento que la dirección de Batasuna ha enviado a su militancia como base de discusión en las asambleas.

El de Arzalluz, en las escalerillas de la Audiencia Nacional, arropado por su gente, que le acompañó a Madrid para que no se sintiera solo ante el juez Marlaska. Y eso que solo estaba citado como testigo. Suficiente para que se creyera moralmente lapidado en la plaza pública. Como si una cita judicial -en los tribunales españoles, claro, que ese es el matiz- fuese la mayor ofensa que se le pueda inferir a un individuo de la clase política, aunque encuadrado en la familia del nacionalismo vasco.

Bueno, pues la advertencia de Arzalluz es que si los jueces se empeñan en seguir persiguiendo al PNV (sólo hay un imputado, Gorka Aguirre, al que Marlaska interroga hoy en Bilbao, ¿eso es una persecución?) se puede provocar un rechazo "sin precedentes" a la Constitución. "Puede llegar un momento que la impugnemos y no la acatemos", dijo. Vaya novedad. La zorra cuidando a las gallinas. Arzalluz, preocupado por el riesgo que corre la Constitución en manos de los jueces que se atreven a molestar a los dirigentes del PNV.

Más inquietante es el recado de Batasuna. En el mencionado documento, se supone que elaborado por los "interlocutores necesarios" de Patxi López (PSE-PSOE) y del Gobierno Zapatero, se dice negro sobre blanco que "ETA será garante del proceso". Por si alguien se había despistado, he aquí una nueva y amarga dosis de recuerdo sobre la catadura del personal con el que Moncloa se va a jugar los cuartos en nuestro nombre.

Si se trata de una dosis de recuerdo, por mí que no quede. De las 838 personas asesinadas entre 1978 y 2002, 30 eran adversarios políticos. Y de esos 30, nueve eran dirigentes o militantes señalados del PSOE (15, del PP), que es el partido dispuesto a olvidar el rastro de sangre y miseria moral que nos ha dejado la siniestra organización que, según Batasuna, será "garante del proceso".

Todo sea por la paz, dice Zapatero. Pero Arzalluz, por su lado, y Batasuna por el suyo, matizan a Zapatero. Siempre que la paz sea la consecuencia de reconocer "los derechos de Euskal Herria", es la apostilla de Batasuna. La de Arzalluz no es menos conminatoria: siempre que los jueces hagan la vista gorda respecto al PNV porque, de lo contrario, "el PNV puede impugnar la Constitución". Toma ya.