Hace seis meses todo el mundo criticaba la opa hostil del magnate anglo-indio. El propio Guy Dollé calificaba Mittal Steel como colonia barata en comparación al perfume de marca arceloriana. En estos momentos, Lakshmi Mittal disfruta uno de los momentos más divertidos de su vida: «Arcelor fue una novia fácil, tan sólo necesité seis meses para que dijera sí». El que ríe el último, ríe mejor.
Entre tanto, Aristrain poseedor del 3,7% del capital de Arcelor, arremete contra el consejo de administración de la siderúrgica europea. En declaraciones recogidas en el digital «El Confidencial» acusa al consejo de actuar como una empresa pública y opina que «deberían dimitir en pleno».
La noticia nos sirve de base para meditar sobre la legitimidad de los consejeros y su responsabilidad frente al accionariado. Profesionales frente a chapuceros. Hace menos de una semana, la cúpula de Arcelor orquestó una campaña publicitaria que navegaba por los límites de la legalidad. En marketing este tipo de instrumentos se conoce como publicidad comparativa y solamente es lícita cuando existe una evidente característica diferencial del producto. En los anuncios rezaba: «¿Qué prefiere las toneladas más rentables o las menos rentables? Arcelor valoraba su fusión con Severstal a 130 euros tonelada, mientras que con Mittal su Ebitda ascendía a 106 euros tonelada. Sin embargo, al avanzar las negociaciones, la estrategia publicitaria se modificó y fue paulatinamente más ambigua: «¿Qué es mejor?, ¿estar presente en todas partes o donde hay que estarlo?». Los últimos mensajes, antes del giro radical, daban el beso de Judas a Severstal y tildaban la expansión de Mittal de estar vinculada a economías inciertas. En la última entrega publicitaria, Arcelor da a entender que Mittal es una empresa obsoleta frente a las modernas inversiones en ISO, I+D y respeto al medio ambiente del ruso. Al día siguiente, se anunció el feliz matrimonio con el anglo-indio. Pero aún quedan muchos flecos en el aire, ¿Cómo se realizará la valoración de las acciones de Mittal Steel, después de demostrarnos que valen tan poco?
En el canje de títulos estará el verdadero negocio y Mittal seguirá sonriendo porque, a pesar de no contar con la mayoría, tiene la sartén por el mango. Los que hace dos días le criticaban ahora se rinden a sus pies. El mismísimo presidente de Francia, Jacques Chirac, después de declarar que el indio pasaría por encima de su cadáver. Ahora, destaca que la opa se ha vuelto amistosa gracias a la sabia reacción del Gobierno galo. ¡Toma chauvinismo!
Y la gran incógnita, ¿quién dirigirá la nueva Arcelor? Personas tan valiosas como Urquijo ya están pensando en hacer las maletas. El nuevo dueño, sin duda, dará prioridad a su hijo Aditya Mittal, su sucesor. El joven ejecutivo no tiene pelos en la lengua y al ser preguntado sobre su futuro espetó: «Depende de mis deseos personales y en particular de si quiero llegar a ser presidente de la dirección general de la compañía». De momento, la compañía llevará el apellido de Mittal y algunos padres conceden ciertos privilegios a sus retoños.
Dollé, presidente de la dirección general, ha anunciado su retirada cuando termine el proceso de fusión y «antes de que le llegue el finiquito». En cuanto a los consejeros, el grupo está representado por lo mejor de cada casa. Desde el sindicalista Manuel Fernández «Lito», criticado por los representantes de los trabajadores asturianos al votar a favor del ruso en el consejo de administración. Hasta puestos de conveniencia como el príncipe Guillermo de Luxemburgo, que mejor se dedicaba a obras sociales. Por otro lado, destacan las viejas glorias. Kinsch, a sus 73 años, ya ha manifestado su intención de jubilarse el próximo ejercicio. Y de nuestra extinta Aceralia sobrevive José Manuel Álvarez Rendueles, que con 71 años también sería aconsejable que pensara en una merecida jubilación.
¿Quién sería mejor Mittal o Mordashov? Nunca lo sabremos con certeza, cada uno defiende sus intereses, su familia y su gobierno. Mittal a sus 55 años cuenta con experiencia y éxito. Mordashov en sus 40 primaveras ha aprendido que para erigirse como caballero blanco ganador hace falta además de ser un buen jinete dominar las artes de la doma. Al final vence el poder del dinero.
Alfredo Muñiz es economista y auditor.

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