ESQUERRA Republicana ha optado por la fórmula de la concentración. Josep Lluís Carod-Rovira y Joan Puigcercós compartirán suerte en las próximas elecciones catalanas. Después de algunas semanas de un debate interno exagerado tras el sonado fracaso del no en el referéndum del Estatut, en el que incluso se ha planteado descabalgar a Carod del liderazgo del partido, la solución adoptada comporta que Puigcercós dejará su escaño en el Congreso de los Diputados, donde ha realizado una labor notable en esta legislatura. La decisión ha sido tomada por unanimidad, una fórmula a la que parecen acogerse últimamente todos los partidos catalanes como una especie de síntesis después de enfrentamientos internos en los que se ha practicado la caza mayor. Pero, en fin, eso es la política seguramente en estado puro. A falta de varios meses para las elecciones, Esquerra las afronta con unas dificultades superiores a las de la última campaña. Su propuesta de la equidistancia entre CiU y PSC, puesta en práctica con gran éxito en el 2003, es menos creíble ahora después de que entregaran la presidencia de la Generalitat a Pasqual Maragall, pese a que CiU ganó las elecciones en número de diputados. Ahí radica, seguramente, su talón de Aquiles, ya que más allá de las declaraciones propias de una campaña nadie duda que, hoy por hoy, ERC sólo contempla, si puede, un Govern en el futuro con PSC e IC.