Acaba de inaugurarse un museo en memoria del general Mohamed ben Mizian del Kasem, promovido por su familia en la localidad rifeña de Beni Ensar de la que era originario, con asistencia del embajador de España en Rabat, Luis Planas, acompañado del general segundo jefe del Estado Mayor del Ejército, del comandante general de Melilla, del coordinador de la cooperación española en Marruecos y de nuestro cónsul en Nador. Todo este acompañamiento ha suscitado el natural malestar en el Congreso de los Diputados, porque la figura de Miziam, acompañante de Franco en la sublevación de julio de 1936, está nimbada de una fama terrible al frente de las tropas moras de los regulares por el salvajismo de sus métodos, tanto en Asturias en 1934 como durante la Guerra Civil, con episodios como la matanza de los heridos del hospital de San Juan Bautista tras tomar Toledo en 1936.
Porque resulta incomprensible que el Gobierno de Zapatero promueva en el Parlamento la adopción de una ley de la Memoria Histórica y se entrometa así en la tarea de ofrecer una versión canónica del pasado mientras envía semejante delegación a un acto de exaltación a un militar marroquí con una trayectoria sanguinaria, que dejó también rastro en el Rif contra sus propios compatriotas, que combatió contra los nuestros en la guerra de Ifni y que alentó después las bandas del ejército real que asolaban la provincia española del Sahara. Nuestro nunca bien ponderado Caudillo ecuestre sumó a su cruzada a los moros y terminó nombrando capitán general de Galicia a Miziam. También concedió la primera Gran Cruz Laureada de San Fernando el 2 de septiembre de 1936 a Sidi Ahmed ben el Hach Abdeselan el Ganmia, gran visir de Marruecos, saltándose los estrictos reglamentos de la orden, que reservan su concesión a las acciones de combate y exigen un juicio contradictorio previo.
Pago a servicios prestados. Por eso, refiere el diario ABC del 21/ V/ 1939 cómo en la recepción al cuerpo diplomático en El Escorial, tras el desfile de la victoria, Franco, colocado bajo un dosel, tenía a su derecha a los ministros del Gobierno, el gran visir, los miembros de la Junta Política y del Consejo Nacional y demás jerarquías del Movimiento, y a la izquierda a los generales, los moros notables, presididos por Abd el Kader, el gobernador y el alcalde de Madrid y otras autoridades.

Escribe un comentario