La noticia no destacaba -por el tamaño de los titulares- entre otras muchas.

Decía, simplemente, que un cuartelillo de la policía nacional había sido okupado por un grupo de personas disconformes con el uso que se proponía para las dependencias policiales. Se trataba de unos locales para internamiento de inmigrantes indocumentados o en trámite de repatriación. Como protesta, unos cuantos disconformes habrían decidido okupar las dependencias. La okupación no era improvisada. Un periodista había sido convocado para informar de cuál era la reacción de los agentes de policía que custodiaban, en aquel momento, las dependencias. Y dos abogados debían observar todo cuanto ocurriera para valorar la reacción frente a la okupación.

La noticia era así, sin más. Quizás podría añadirse que la información omitía cualquier consideración que pudiera acercarse o parecer alguna censura sobre la actuación okupante.Todo era, simplemente, descriptivo. Se había producido un hecho de las características descritas y nada más. Como un accidente fortuito. Aquí nadie habría cruzado con semáforo rojo ni invadido la calzada reservada al sentido contrario de la circulación. Una okupación y basta.

La noticia, no obstante, tiene una gran relevancia. Y lo importante no es lo ocurrido, sino la manera en que se informa sobre lo ocurrido. Cuando esto sucede en un país del Tercer Mundo, nadie dudaría en presentar el hecho como un ejemplo del desorden y de la inseguridad dominante en aquel país. Cuando pasa en Barcelona, pues nada, ha sido una noticia sin más.

No vamos bien. Destaco, una vez más, que el problema de la seguridad en nuestra sociedad no es lo que ocurre ni, incluso, la reacción de la autoridad frente a estos hechos. Lo más significativo es que la propia sociedad tiende a minimizar, en público, la trascendencia de lo ocurrido. En privado, todo el mundo se escandaliza de lo que ocurre; pero los que ayudan a conformar la opinión pública tienden a relativizar su trascendencia, especialmente cuando del fenómeno okupa se trata.

Adelante, pues. La okupación de un cuartelillo es lo que necesitábamos para estimular a las fuerzas del orden público.

Les pedimos que nos protejan, pero no reaccionamos frente a su propia desprotección. ¿Qué les habrá pasado a los okupantes?Seguramente, nada. ¿Y a los policías que custodiaban el local okupado?

El mundo al revés.