A la vista de los panegíricos y halagos que está recibiendo Pasqual Maragall en el momento de su adiós, uno se pregunta cuál es el motivo por el que el PSC le ha apremiado a tomar las de Villadiego y cambiarlo al frente de su candidatura por una apuesta arriesgada como la de José Montilla. Si a ello se suma que todas las encuestas, y cuando escribo todas quiero decir todas, apuntan que Maragall es mucho mejor candidato con amplia diferencia sobre Montilla, uno puede llegar a pensar que los dirigentes del PSC son masoquistas o ya les va bien que gane Artur Mas para que Zapatero tenga una gobernación más tranquila.
Pues va a ser que no. El PSC ha forzado la salida de Maragall por los continuos errores que ha mantenido en su gestión al frente de la Generalitat, comenzando por su despreocupación sobre el Estatut, que es un tema en el que impulsó su reforma pero en el que después no estuvo presente en su elaboración, y por otras cuestiones en las que no ha ejercido su papel de líder del Govern. No estaba, ni se le esperaba. La memoria parece que es frágil, pero repasen las meteduras de pata de estos dos últimos años y medio.
No seré yo quien le critique por su carisma o su gran capacidad de generar grandes y buenas ideas - como su concepto de España plural o la eurorregión-, que llevan incluso a sentir por él una sincera admiración. Los que nos dedicamos a esto del periodismo político agradecemos tener cerca a dirigentes que se escapan del estereotipo y de la banalidad y que realmente pueden aportar, en las distancias cortas, algo más que un repetitivo discurso de manual. En este sentido, Maragall es genial. Ahora bien, gobernar un país es otra cosa. Montilla, Mas, Saura o Piqué serán seguramente mucho menos geniales que Maragall, pero un servidor les confiaría con más tranquilidad que me cuidasen la casa o, en este caso, la dirección del Govern.
Serán también los políticos de la oposición, principalmente los de CiU, quienes más van a ensalzar en los próximos días a Maragall, después de pasarse veinte años poniéndole de vuelta y media. Pero no se extrañen. Cada elogio a Maragall, cada zalamería al ex president están pensados para hundir a su sustituto. Ahora, la estrategia es la de engrandecer a Maragall para empequeñecer así a Montilla. No tengan ninguna duda de que si Maragall hubiera mostrado su interés en seguir, hoy seguiría recibiendo toda clase de varapalos de la oposición.
También es cierto que el president Maragall ha recibido una serie de ataques y descalificaciones personales como pocos políticos han sufrido en estos dos últimos años y ha habido un atrevimiento que no existió con su predecesor. Pero ello no es óbice para que se advierta que es una impostura querer presentar ahora a Maragall como un presidente mártir, víctima de una gran confabulación del aparato del PSC, del PSOE y de los resortes mediáticos. Lo siento, no cuela. Maragall ha sido víctima sobre todo de sus errores, que han llevado a los mismos que fueron a buscarlo a Roma a decapitarlo ahora. Y si la forma no ha sido la idónea, también tiene él parte de culpa, por la forma en que ha especulado hasta el final con su continuidad o su renuncia.
Maragall, orgulloso del Govern Maragall no quiso desvelar el martes en el Govern cuál era la decisión sobre su futuro. Los consellers Nadal y Saura le hicieron notar que tanto su renuncia o continuidad como la fecha de las elecciones deberían ser anunciadas antes de la visita a la Moncloa. De lo contrario, parecería que obedecía órdenes de Zapatero. Maragall fue muy parco en dar detalles pero fue clarísimo a la hora de elogiar la labor del actual Govern, del que dijo sentirse orgulloso.
Esquerra se queda sin TDT Las concesiones de las licencias privadas de la TDT han quedado repartidas de forma que han dejado satisfecho tanto al PSC como a CiU. Tanto hablar de que se primarían las televisiones de proximidad, y al final la mayoría del pastel se lo reparten Prisa, Vocento y un grupo afín a CiU. Esquerra ha notado su ausencia del Gobierno y su apuesta, Òmnium Cultural, se ha quedado sin nada.
Las tesis del PSC Que le pregunten a David Madí, el hombre de confianza de Artur Mas, lo mucho que cuesta crear un líder y conseguir que tenga aceptación popular. El PSC iniciará ahora una gran campaña para relanzar la imagen de Montilla y que sea mucho más popular. Los estrategas admiten que parten con desventaja frente a Maragall o Mas, pero tienen argumentos. En su opinión, Maragall iba de baja y Mas está estancado. El único que tiene tendencia al alza es Montilla.

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