La alcaldesa de Langreo escorrida por la gente y los trabajadores que se tiran al mar para intentar retener un barco, del Editorial en El Comentario
Los acontecimientos que estamos viviendo estos días en Asturias, llenan a mucha gente de perplejidad, por la actitud de la izquierda gobernante en el Principado, integrada por una coalición formada por el Partido Socialista e Izquierda Unida. El abandono a su suerte de los trabajadores que viven conflictos laborales relacionados con engaños y abusos de poder, por parte tanto de la mayoría de la coalición Izquierda Unida –con la honrosa excepción del grupo minoritario que se identifica con el PCE-, así como del Partido Socialista Obrero Español, está abriendo los ojos a muchos ciudadanos, acostumbrados a vivir los hechos del presente, con ciertas inercias mentales ancladas en los tópicos del pasado, como las que establecen no se sabe qué diferencias que asocian a las fuerzas que se autodenominan de izquierdas con una sedicente representación de los intereses de los trabajadores y de los pobres, en contraposición a una derecha que representaría a los ricos. ¡Míticos relatos propios de un pasado remoto!
Los partidos y los sindicatos que entretienen a los trabajadores con sus discursos, mientras trabajan en lo que trabajan
La actitud de buena parte de las direcciones de las federaciones de industria y de las direcciones territoriales de los sindicatos mayoritarios Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores, en buena medida ligados también a las decisiones marcadas por estos dos grupos políticos, avalan la realidad de unos cambios, que tienen mucho que ver con los efectos de la dinámica de las oligarquías en las organizaciones políticas y sindicales, sobradamente analizadas por la tradición crítica de Robert Michels, pero que sin duda obedecen también a las nuevas mutaciones sociales y económicas que estamos viviendo en esta época, en la que corporaciones multinacionales como Mittal Steel, propiedad de Lakshmi Mittal, o News Corporation, de Rupert Murdoch, por poner dos ejemplos de moda, superan ampliamente el poder de la política que se ejerce desde estados nación como el nuestro –y no sólo el nuestro- que parecen estar entrando en una crisis cada vez más profunda, ante la refluencia de las pulsiones tribales.
Dirigentes sindicales como Manuel Fernández “Lito”, consejero de Arcelor que en todo momento ha venido actuando como si fuese un ejecutivo más de esta compañía, solidario con el grupo de dirigentes que han subastado su propia posición y sus intereses personales, engordando las ofertas de Lakshmi Mittal y Alexey Mordashov, frente a los intereses de los trabajadores a los que en teoría representan, unos intereses de los que nadie habla, a la vista del desarrollo de los acontecimientos, cuyas derivaciones quedan bien de manifiesto, cuando todavía a estas alturas nada sabemos sobre lo que puede ocurrir con las instalaciones de Arcelor en Asturias, y especialmente con la cabecera de Veriña.
Los ciudadanos persiguieron el sábado por las calles a la alcaldesa de Langreo
Sobre el espectáculo desarrollado en Arcelor, que aún da empleo a siete mil trabajadores asturianos, y con un tremendo impacto añadido en la vida económica del Principado de Asturias, puede añadirse, que lo único relevante que ha sucedido en nuestra comunidad, y sin duda con una relación directa con el papel jugado por Manuel Fernández “Lito” en el consejo de administración del grupo, es la sugerencia a los empleados de la compra de acciones por parte de la UGT, lo que sin duda podría ser muy razonable, si “Lito” fuese un agente de cambio y bolsa que recomendase operaciones bursátiles rentables a sus clientes, una recomendación que nada tiene que ver en el fondo, con esa labor como asesor de inversiones de los trabajadores asturianos, sino con el mantenimiento de su propio status como consejero de la multinacional
Los acontecimientos de estos días en Langreo, con desórdenes espontáneos protagonizados por los ciudadanos conscientes del engaño al que políticos y sindicalistas han venido sometiendo a los trabajadores de Menasa, a cuenta del desarrollo de los negocios de la empresa navarra Triman, con la persecución de la alcaldesa del concejo del Nalón, María Esther Díez, por las calles de La Felguera, indican por dónde van las cosas, en este momento en el que empiezan a darse a conocer algunos pormenores –es evidente que todavía hay muchos datos ocultos en esta despreciable operación- de la jugada, sin que todavía se hayan publicado en los medios asturianos los que ya son conocidos por mucha gente, como las negociaciones paralelas mantenidas entre los navarros y el gobierno, mientras se mantenía a los trabajadores en la inopia de su encierro solitario, creyendo que alguien velaba por sus intereses.
La espeluzante escena de unos trabajadores intentando parar un barco con sus cuerpos
Pero sin duda, si algo supera todo lo imaginable, en unos días en los que los acontecimientos se han ido encadenando de manera sorprendente, es la espeluznante escena protagonizada en Gijón por el gobierno PSOE-IU, que ayer lanzaba un ejército de policías contra los trabajadores de Izar Gijón, que luchaban por el mantenimiento de su empleo en el astillero y por la continuidad de la industria naval, intentando retener el buque-hospital Juan de la Cosa, como último instrumento de resistencia. Sucedía esto, tras haber sido fríamente engañados los trabajadores de Izar, por el propio presidente José Luis Rodríguez Zapatero, cuando el actual gobierno español decidió segregar los astilleros públicos asturianos del grupo Navantia, a cambio de una privatización conjunta de las cuatro factorías escindidas, para negociar inmediatamente su venta a empresas en quiebra, como la gallega Vulcano, previamente a su liquidación como solares.
Resultan elocuentes en este caso, las confesadas implicaciones de los dirigentes asturianos de Izquierda Unida como José Antonio Hevia Braña, en los negocios inmobiliarios de la bahía de Gijón a través del Grupo Progea, en una operación especulativa iniciada personalmente por Vicente Álvarez Areces, actual presidente de la comunidad autónoma, para destruir la actividad económica de la fachada industrial de la zona portuaria.
Para muchos resultará inolvidable la imagen del Juan de la Cosa, protegido por tierra y por mar por un impresionante despliegue de funcionarios policiales del Estado, mandados personalmente por el socialista Antonio Trevín, un hombre de acreditada trayectoria en la defensa de los intereses de los especuladores inmobiliarios en su etapa como alcalde de Llanes. El grupo de trabajadores que se arrojaron al mar, para intentar impedir la salida del buque, en un último y supremo esfuerzo, arropados por la multitud de sus convecinos de los barrios obreros de la Calzada y el Natahoyo, es un símbolo terrible del estado de cosas que vivimos. Ni un político, ni un sindicalista presente; ellos están dedicados a otros asuntos.
