HOY tiene una reunión decisiva el consejo de administración de Arcelor en la que tendrá que elegir entre las últimas ofertas de Mittal y Mordashov, con el telón de fondo de la junta general de accionistas del próximo día 30. La titánica lucha entre el empresario anglo-hindú, el ruso amigo de Putin y los ejecutivos de Arcelor pudiera terminar con un acuerdo a tres bandas, aunque es más probable pensar en un tándem victorioso. La reunión se abre hoy con una novedad: por primera vez, el consejo de administración de Arcelor está dividido, porque un sector representativo de los intereses privados, con el empresario vasco José María Aristraín a la cabeza, no acepta la entente urdida por los ejecutivos de Arcelor con el ruso Mordashov, ya que entienden que supone entregar los intereses del acero europeo a la nueva burguesía rusa creada tras las privatizaciones de Putin. Sobre la reunión pende la idea de que Mittal Steel y Arcelor ya han podido llegar a un acuerdo que estaría basado en una mejora de la oferta de Mittal hasta llegar a los 42 ó 43 euros por acción.

El proceso iniciado el pasado 29 enero, cuando Mittal Steel lanzó la opa sobre Arcelor por un valor de 18.600 millones de euros, ha sido muy ilustrativo al comprobar cómo se han ido situando políticos, sindicalistas y altos ejecutivos empresariales ante la oferta de Mittal. El sistema de valores y las normas de comportamiento mercantil de la vieja Europa han quedado al descubierto.

Nada más presentarse la opa el rechazo suscitado ha sido espectacular, por la unanimidad en el mismo y por la forma en que fue expresado. Los más diversos agentes de la vida pública española y europea no se contentaron con decir que la oferta hacía una baja valoración de Arcelor -lo que era cierto-, sino que descalificaron el mismo hecho de presentarla porque Mittal Steel representaba un modo de hacer empresa ajeno al modelo europeo. Eurodiputados, como Antonio Masip, lo dijeron sin ambages: «Olvídenos, señor Mittal». Altos dirigentes sindicales trasmitieron la idea de que con la opa de Mittal el futuro de Aceralia se volvería oscuro, porque mister Mittal probablemente cerraría sus instalaciones. Una extraña forma de hacer negocio: pagar por altos hornos y acerías para luego achatarrarlos.

Los portavoces del frente del rechazo a la opa estigmatizaron a Mittal Steel por dos razones: no había una suficiente pluralidad de titulares en el accionariado de la sociedad ni existía participación sindical en las decisiones de la empresa. Según ellos, esos dos elementos definen el modelo de empresa europeo.

En realidad, todos esos argumentos eran una cortina de humo para tapar las debilidades de Arcelor, una empresa muy rentable, pero que carecía de un núcleo duro de accionistas y tenía una alta liquidez que la hacía muy apetecible. A lo largo del mes de febrero, los ejecutivos de Arcelor dijeron que estudiaban una alianza para parar la opa, pero no encontraron socio.

En abril, llegó el contraataque de Arcelor en forma de recompra de títulos a los accionistas para que Mittal no pudiera hacerse con ellos. Por una parte, se ofrecían acciones por debajo de la valoración del mercado a los trabajadores y por la otra, se retiraba papel del parqué a 44 euros el título. Más de 7.000 millones de euros de las arcas de Arcelor destinados a evitar la entrada de Mittal, lo que significaba triplicar la deuda de la siderurgia europea.

El abrazo ruso

El proceso dio un giro espectacular cuando Mittal siguió con su plan y mejoró en un 34% su propuesta, al rozar la oferta los 38 euros por acción, que según los analistas es el umbral crítico del valor de Arcelor en el mercado. A partir de ese momento, los ejecutivos de Arcelor sintieron que se encendían las alarmas y se movieron velozmente hasta encontrar un escudo protector que llegó en forma de zar: Alexey Mordashov, propietario del 90% de Severstal. Los ejecutivos de Arcelor le darían al empresario ruso el 32% de la sociedad a cambio de los bienes de Severstal. En el proceso de reducción de capital de Arcelor, el 32% se convertiría en un 38%, lo que le concedería una posición de dominio incontestable a Mordashov en Arcelor.

Ya vemos en qué quedó el llamado modelo de empresa europeo: hacer girar la compañía en torno a un empresario ruso que no sabe lo que es la gestión corporativa de una entidad y desconoce el papel de unos sindicatos libres en la empresa. La vieja Europa pone el acero en la órbita de Putin. La reacción contra esta maniobra llegó de parte de algunos accionistas privados, como el vasco José María Aristrain (3,7% del capital) y el polaco Romain Zaleski (7,59%).

Llegamos de esta manera al punto clave. La estrategia de Arcelor está dictada por unos ejecutivos que no son propietarios de los principales paquetes accionariales. Se abre una sima entre los intereses de los accionistas, cuya gran referencia es la oferta por el valor de la acción, y los intereses de los gestores que estaban en peligro con la opa hostil de Mittal. Lo mismo sucede con los altos líderes sindicales, que abominaban de Mittal porque movía su sillón en el consejo, y los intereses de los trabajadores o de las factorías asturianas de Aceralia, que no tienen nada que ver con cuotas de poder. Mordashov no presentó ningún plan industrial ni se molestó en visitar Asturias para entrevistarse con el presidente Areces, cosa que si hizo Mittal. El mayor error cometido por Mittal fue haber minusvalorado la importancia de los gestores de Arcelor. Un pacto sobre las normas de gobierno del 'gigante siderúrgico' le hubiera evitado muchos quebraderos de cabeza y le hubiera ahorrado mucho dinero.

Resulta también muy significativa la pasividad de los principales accionistas públicos (estados, regiones) de Arcelor. Como no les importa el valor de las acciones, estuvieron cruzados de brazos hasta que se movilizaron los socios privados. Todo un retrato de la vieja Europa que hoy se reúne en el Ducado de Luxemburgo: burócratas suplantando a empresarios, con el capital público de tapadera, mientras los dirigentes sindicales nos hablan de las bondades del oso ruso y de los peligros del tigre hindú.